miércoles, 30 de junio de 2010

Buenas personas o malas personas.

El otro día un amigo me contaba que ahora se estaba dando cuenta que no era buena persona. Le pregunté el porqué de haber llegado a esa determinación que a mí, al menos, me parecía sorprendente, porque, según los significados que adoptamos desde que nacemos, el término mala persona, no se corresponde con su conducta ni modo de ser. Me contó una historia, una historia que estoy seguro que más de uno ha vivido, pero que sólo cuando nos sucede de forma personal e individual, es cuando nos sentimos frustrados, pudiendo llegar nuestro estado al colérico. Que España es un país de actores xxx eso no lo duda nadie y que la mierda de gobierno que tenemos, lo gobierne el pepe, el panzoe o frasquita ungida(lo escribo en minúscula porque no se merecen más) tiene mucho más que ver en todo eso. Así que luego no me pregunten por qué me hierve la sangre cuando veo esos mítines llenos hasta la bandera con multitud de parásitos que aclaman al rey de los parásitos. Supongo que qué les regalen la merienda, esos churros (o porras) con chocolate hacen que la voluntad se tambalee y al final acabes seducido ante el tirón de mentiras y sandeces que estos reyes parásitos promulgan.

Mi amigo recibió una carta de la DGT. En ella le notificaban una sanción de 60 € por estar circulando por el carril del centro de una vía de tres carriles. Me decía que en esa fecha el no recordaba ni siquiera haber cogido su coche. Y que lo normal era que si los agentes lo hubiesen visto, le hubiesen hecho el alto. Pero no, no lo hiceron. Yo le pregunté que qué era eso de una multa por circular por el carril del medio. Él me respondió que no tenía ni idea y que al menos él no tenía constancia de ningún caso de ese tipo. Pero su sorpresa no acabó ahí, porque, por la dejadez que tenemos todos y más en casos totalmente disparatados como éste, fue a pagar la sanción después de un tiempo y le dijeron en el banco que el sistema no permitía pagar la multa. Llegó a casa y se conectó a internet para buscar en la página de la DGT y cuando vio que su sanción se había elevado a más de doscientos quince euros según por no haber identicado al conductor, perdió la noción del tiempo y del espacio. Cómo describió sus sensaciones me dejó estremecido. Conozco a mi amigo desde hace mucho tiempo y sé cuando bromea... y esta vez no estaba bromeando. Su primera reacción fueron unas ganas tremendas de coger su coche y estrellarlo en el cuartel de la Guardia Civil de Tráfico, a ser posible con todos sus efectivos dentro. Luego me dijo que eso fue una multa de esas que tienen que poner para que el gobierno (de Zetapollas, así me dijo) pueda seguir viajando en primera clase y haciendo tantas y tantas barbaridades como ha hecho. Al final es lo de siempre, siemre paga el mismo, esto es, los desgraciados que nos levantamos a las seis de la mañana sino antes. Eso sí, me dijo que como algún agente se le ocurra pararlo, va a pasarle el coche diez veces por encima a todos los que allí hayan, que la próxima multa va a ser con motivo y que seguro que la sanción sería económica, porque a los mierdas estos la vida de la gente y las necesidades que puedan pasar les da lo mismo. Yo aquí tengo que darle la razón. Tuve la desgracia de perder a mi hemarna en un accidente de tráfico. El primer informe que dieron los "agentes" fue que mi hermana iba rápido. Primero, el velocímetro se quedó clavado en 90 km/h en una vía limitada a 100 y segundo, un dos de julio a las 5 de la tarde siendo viernes, no creo yo que la carretera esté lo suficientemente despejada como para ir "tan rápido" como decían los "agentes". Todos sabemos y a todos nos ha pasado que un autobús, cansado de esperar parado en su parada se tira a la carretera. En fin, a ellos no va a pasarle nada protegidos por un vehículo de tal envergadura. El colmo de la indignación llegó cuando acompañado del abogado que llevaba el siniestro, los impresentables estos me dijeron en la cara, sin que hubiesen visto nada, que la culpa fue de mi hermana. Los autobuses se tiran todos los días y todos los sabemos porque nos ha pasado y sin embargo, tienes que pasar por ese trámité, el conductor es un santo y mi hermana se tuvo que ir a los 23. En fin, mi hermana se ha ido, ella no puede defenderse y ya está, todo sigue para adelante. Luego alguien va por un carril que no es el derecho, sin hacerle daño a nadie, y ahora tiene que pagar una multa que supone un 25% de su sueldo mensual y gracias por estar trabajando.

Sigo pensando que mi amigo no es mala persona aunque por la expresión de indignación de su rostro, sinceramente lo vi capaz de hacer lo que estaba proponiendo. Y ahora que lo pienso, en este país sin remedio en el que vivimos, puede que sea la sociedad y las leyes que los mierdas estos del congreso aprueban las que nos hagan ser malas personas siempre de acuerdo con la deficinición que se tiene de dicho concepto. La siguiente vez hablaré de dinero y de mi accidente laboral en el que me dejé media rodilla en la carretera, contaré las increíbles barbaridades que se produjeron a raíz del golpe. Ahora sólo contaré que la inspectora que me vio para evaluarme los daños, me dijo en el informe que yo lo que tenía era cuento. Y de verdad y con el corazón en la mano lo digo, todos los días cuando amanece deseo que a esa inspectora, que me negó una incapacidad por el tema económico, a ser posible, la arrole un tren y luego sea yo el que la evalúe para tocar las palmas y decirle que tiene cuento. Es demasiado soñar, lo sé. Y también deseo que a los hijos de los mierdas de los guardia civiles y del mierda de juez que instruyó el caso de mi hermana, les ocurra lo mismo; que el no menos mierda del conductor, que cansado de esperar en su parada se tire a la carretera y haga lo mismo con ellos. Seguro que como sería el hijo del juez, las cosas seguro que cambian. Llamadme como queráis, porque me da igual todo. Sólo el que vive algo así sabe lo que significa, y es algo que no hay palabras para definirlo. Quizá yo tampoco sea buena persona, al menos de pensamiento.

jueves, 3 de junio de 2010

Blog-Relato enlazado 15

El Blog-Relato enlazado comienza en www.laluzdeleoen.blogspot.com Hay que leer el principio allí. Y luego seguir los enlaces hasta llegar al final sin remedio que aquí se muestra.

Parte nº 15.

Cuando Belinda se dirigía hacia el lugar donde Milo y Gabriel se encontraban, aquel temor que una vez sintió se hizo realidad. Una presencia fría como un iceberg penetró cada uno de los poros de los que allí había. Gabriel miró a la silueta formada tras una humareda negra y casi se podía adivinar una expresión de gratitud en su rostro.
Belinda sentía como el fuego que aún no había desaparecido de ella se enfriaba de temor.
–Elemauzer —dijo—.
–Hermano —dijo Gabriel con una sonrisa—.

La quietud que la aparición de Elemauzer había provocado se vio violentamente interrumpida por el dragón-sanguijuela que surcando el aire se dirigió hacia Belinda. La tocó y desapareció en el acto. La joven bruja sentía como el poder del fuego volvía a su ser y miró la espada que aún empuñaba. La tiró. No serviría de nada. La aparición de Elemauzer, el demonio supremo, sólo le dejaba una alternativa. Una alternativa con un precio excesivo.
El cielo se vio lleno de relámpagos y de vientos congelados. Elemauzer no había dicho una palabra pero sus ojos ya habían hablado. Gabriel se había puesto a su lado sin que el demonio alterara su expresión. Belinda lo miró con furia y aceptó su destino. Con su poder restablecido lanzó un hechizo hacia Jaco y éste se levantó. Hermes y Milo se acercaron a Belinda con el zombi.
–¿No estarás pensando lo que creo que estás pensando? —Preguntó Hermes.—
–¿Hay otra posibilidad?
Silencio.
–Es bien simple. Elemauzer está reuniendo un ejército demonios que poblaran el mundo. O llevamos a cabo mi plan y se lo impedimos aunque ya sepáis el precio o pagaremos ese precio de todas maneras.
Todos asintieron. Ella tenía razón.
–Hagamos una estrella de cuatro puntas y acabemos ya con esto. No nos queda mucho tiempo.
Matilda aprobó la valentía de su nieta con una sonrisa. Sus tres compañeros se dirigieron hacia su lugar para formar la estrella. Cuando Gabriel se dio cuenta de lo que pretendían sus enemigos ya era tarde. El ángel negro se dirigió hacia ellos pero el canto de invocación ya había comenzado y una barrera repelió todos sus intentos de impedir su plan. Las voces de las cuatro puntas de la estrella entonaban una única nota, clara, brillante, sublime. En el cielo negro, rodeado e tormenta, un hilo de luz blanca comenzó a dibujar algo.
Al fin terminaron la invocación suprema. Un arpa sublime, de luz blanca radiante flotaba en el cielo. Belinda miró a Milo y en sus ojos encontró el mensaje que estaba esperando. El vampiro sonrió. La joven bruja miró a Jaco y a Hermes y les expresó su agradecimiento. El arpa seguía flotando en el cielo esperando la orden final.
Un ruido ensordecedor surgió de un agujero negro. El portal por donde aparecerían el ejército de demonios y ángeles oscuros se había abierto. Y ya estaban saliendo.

Las cuatro puntas de la estrella se miraron. ¡Ahora! La nota musical alcanzó la agudeza máxima y el arpa emitió un sonido. El sonido más bello que cualquier oído jamás podría escuchar. El mundo se convirtió en luz y al desvanecerse, los aldeanos pudieron comprobar que ya no quedaba nada…


Juanjo: www.completamentesinremedio.blogspot.com

domingo, 23 de mayo de 2010

Retorno

Lamento mucho mi ausencia prolongada, querida tía Frasquita. Supongo que te habrás cansado de pasarte por aquí y ver que actualizaba nada. Como eres la única que me lee, creo que te debo una explicación. He viajado a muchos sitios, he viajado en el tiempo y en el espacio para intentar encontrar una respuesta satisfactoria al enigma del porqué lo que me pasa a mí, no le pasa a nadie. Imáginate cuál ha sido mi sorpresa al encontrarme con un océano de gente que piensa igual. "Lo que me pasa a mí, no le pasa a nadie". Visto este suceso y oyendo sus historias que, aunque son impresionantes si las miramos desde el punto de vista de lo políticamente correcto (ahora me pregunto quién habrá sido el imbécil que inventó esa frase), desde luego no son nada únicas. Les pasa a mucha gente, lo que ocurre es que nosotros sabemos realmente poco.

Regresé al hogar y no tuve otra cosa mejor que hacer que compaginar mi trabajo con esas mierdas de progamas que echan en la tele, los de Ana Rosa y compañía. Quién me lo iba a decir, tía Frasquita, que aquí empezaría a encontrar la respuesta a mi pregunta.
Partiendo que tenemos un gobierno permite estas barbaridades, luego me dirán porqué estamos tan atrasados. El tema del gobierno lo dejaré para otro de mis escritos, porque también he encontrado en esa pandilla de parásitos motivos más que concluyentes del porqué soy como soy.

Soy como soy por vivir en este maravilloso país. Esa es la respuesta a la que he llegado tras tantas investigaciones metafísicas emprendidas. Qué patético.
Cuando empieza uno de estos programas roba tiempo, mi primera impresión es que algo falla. En seguida se invita a los pardillos que no tengan otra cosa mejor que hacer que verlos a ellos a mandar mensajes de texto con sus teléfonos móviles. El número de destino es distinto a la numeración asignada a la telefonía móvil, así que supongo que el coste del mensaje será desorbitado. Pues bien, no tardan en llegar los mensajes y, curiosamente, todos hablan sobre lo mal que están económicamente. Se acuerdan de la madre de Zopetardo, perdón, Zapatero; es que como lo llaman de tantas maneras ya llega a cnfundirte. Y otros dicen que la crisis es mundial, que el PSOE no tiene la culpa de que estemos así, que si el PP metió el Euro, que si un autónomo no llega a fin de mes y una ama de casa tampoco. Bien, porque salga esos mensajes sin sentido alguno, cada uno paga una cantidad que dice no tener. Y hablando de los mensajes, recuerdo uno que salió una vez en algún programa de estos que decía así "Kiko y Coto son hermanos gemelos". Se me ha debido quedar algún trauma. Todo el mundo sabe que en esos programas que te están diciendo la respuesta para que te lleves 25.000 Euros, son ellos mismos los que llaman y siempre acaban media hora más tarde de lo que el susodicho presentador dice, pero es que no me imagino a alguien, aunque sea el realizador de un programa de clase Z (de Zapatero, sí) con menos neuronas que los monos del Paleolítico. Dime tía Frasquita, ¿Puede haber alguien tan extraordinariamente gilipollas para mandar un sms que vale una recarga de saldo entera para decir que "Kiko y Coto son hermanos gemelos"? Yo pensé que eso lo pondría el que está a cargo de los sms que llegan. Pero después de todo lo visto, llego a dudarlo.

En fin que todos dicen que están mal, peor sin embargo gastan en lo que no deben. He mencionado antes los progamas esos que te ponen un letrero con la letra A y si adivinas que letra que ponen, te llevas 25000 Euros. Para que alguien llame diciendo la letra A se tirán dos horas y después, abren un sobre y piden que aciertes lo que hay escrito. Es como si yo tiro una motita de polvo en medio del Océano Pacífico y digo que el que la encuentre tiene premio. Algo parecido es esto. Después de ver esto me pregunto cómo no voy a ser un completo sin remedio, si esto es una enfermedad contagiosa. Cómo entender que haya casi cinco millones de desempleados que dicen estar desesperados y no se mueven. ¿Te imaginas cinco millones de personas marchando contra la Moncloa para pedir soluciones? Ya podrían poner a todo el ejército que no creo que lograran pararlos.

Y es que, querida tía, los españoles nos conformamos con todo a la hora de la verdad. Siempre hay gente imbécil diciendo que si tiene que esperar seis meses para que le hagan una radiografía porque hay muchos chinos esperando también. Cuando había trabajo fácil, los chinos (y demás inmigrantes) hicieron todo lo que era necesario hacer y nadie quería. Ahora, la culpa de la crisis la tienen ellos. Qué pena damos. Esas inmobiliarias que vendían pisos por cuarenta millones de las antiguas todos los días mientras había ecuatorianos partiéndose la espalda recogiendo fresas a pleno sol para que estos "inmobiliarios" se las comiesen con nata de postre. Es fácil echarles la culpa a ellos, de desahogarnos así, pero sigo pensando que tenemos lo que nos merecemos y elegimos y buscamos. Si no, explícame qué ocurre con la gasolina. No para de subir y según tengo entendido el barril de petróleo no está tan caro. Han corrido muchos mails para que se cojan a dos marcas y que NINGÚN ESPAÑOL reposte en ellas. Está claro que si aquí, en Marbella, la ciudad con más hp por metro cuadrado que existe (tú ya me entiendes) dejamos de repostar en dos marcas, a la multinacional no le va a temblar el pulso a la hora de cerrar esas estaciones de servicio. Ahora bien, si TODOS dejáramos de repostar en TODO el país, ya la cosa cambiaría. Pero no, seguimos echando donde nos parece y esta gente subiendo los precios sin ninguna consideración para que luego la única protesta sea durante el café de la mañana y decir un simple "otra vez han subido la gasolina" Fíjate, yo he decidio ir andando a todos sitios, tengo un contador de pasos y en poco más de un mes, llevo algo menos de un millón, pero poco menos. Yo no puedo bajar el precio del combustible, pero esta gente, si dependen de mí, van listos. Con un depósito tengo para más de un mes. Así que no creo que se hagan ricos a mi costa. Tengo que salir una hora antes para ir a trabajar, pero no me importa.

Por todo esto y muchísimas cosas más que iré contando en próximos escritos, he llegado a la conclusión que soy así por un "contagio" del sitio que me ha tocado vivir y pasan las cosas que pasan por el mismo motivo. Ahora voy a participar en un proyecto de una amiga, creo que puedo llamarla así, autora de un libro que me ha gustado bastante a pesar que trata de un género que no me llama mucho la atención. Espero que al menos, no rompa el trabajo que van a hacer quince amigos más aunque a muchos todavía no los conozco. Mi aportación aparecerá aquí y sólo espero que no desmerezca del resto. "El imperio plateado" pertenece a la saga "La luz de Léoen" y recomiendo mucho su lectura. Su autora: Laura Sánchez Becerra. En cualquier Corte Inglés se puede encontrar su novela. Ojalá se dejen de mandar mensajes a los programas Z de la tele y se invierta ese capital en una historia que les hará pasar un rato emocionante y placentero. Ahí queda eso.

martes, 27 de octubre de 2009

Sé tú mismo

Todavía tuvo la ocasión de cometer el mismo error otras cinco o seis veces. El mismo ritual de lástima y autocompasión del autodesgraciado. Todos los de alrededor podían entender que el amor hace que las fuerzas languidezcan, que los propósitos se borren y que las promesas se olviden. Lo que nadie alcanzaba a entender era esa facilidad para enamorarse perdidamente, como él afirmaba, tanto de palabra como de actuación, con semejante frecuencia. Apenas habían pasado unos días desde que la chica se negara a volver a ir a un lugar donde él estuviese o le dijera en su cara que la dejara en paz y se olvidase de ella para posteriormente desaparecer, cuando sus tentáculos discurrían por el viento costeño acechando a lo que, sin lugar a dudas, puede llamarse víctima. Aquello, según la totalidad del grupo de amigos, sólo podía llamarse desesperación, hastío y cansancio de la soledad. Uno de ellos había propuesto inflar dos globos y amarrarlo a un palo con una fregona que hiciera de cabellera. Luego sólo quedaría acompañar el invento con una cinta donde una voz femenina simulara una conversación y el problema de las depresiones instantáneas quedaría solucionado.
La estampa era la misma. Sus amigos se entretenían jugando al fútbol en la playa y él se colocaba sus auriculares “luismigueleros” y se sumía en un estado de quietud cercano a lo finado. Y ocurrió una tarde que, tras un disparo con bastante fuerza por parte de un delantero, el balón salió desviado con tan mala fortuna que fue a impactar en el cuerpo de una chica que pasaba casualmente por allí. Para terminar de rematar el episodio, el portero, tras una estirada acrobática desesperada por intentar atrapar el balón, fue a chocar contra el cuerpo de la chica terminando de derribarla. Un nudo se hizo en las gargantas tanto del delantero como del portero, que acudieron con una presteza que ni el atleta más capaz hubiera demostrado. La sorpresa se dibujó en sus rostros cuando vieron que la derribada, en vez de mostrar cólera o enfado, mostraba una sonrisa irónica.
–Tenía que pasar por aquí justo en este momento, ¿verdad? Si hubiese pasado medio minuto antes no hubiese ocurrido nada.
Los chicos, sin ni siquiera escuchar las palabras que decía la chica de ojos negros y sonrisa de nieve, con los corazones inundados por el temor y la congoja, le preguntaron si estaba bien y la ayudaron a levantarse. Entre el portero y el delantero la llevaron hasta el lugar donde descansaban sus toallas y pertenencias, ofreciéndole cuanta bebida y comida había en sus mochilas. El bulto que estaba tendido en la toalla, que cualquiera hubiese apostado su vida a que estaba dormido, pareció regresar de un viaje metafísico por los planos de existencia donde la mente teje con hilos de realidad los deseos más profundos. Y en cuanto sus ojos se posaron en la silueta del cuerpo rodeado, comenzó el macabro ritual del desesperado, de completo sin remedio. Se acercó hasta el grupo pero ni una sola palabra salió de sus labios sellados. Sin embargo sus ojos hicieron un análisis exhaustivo de las formas de la silueta de la recién llegada. Poco a poco, los otros chicos se fueron sentando alrededor de la muchacha sin dejarle de preguntar si se encontraba mejor, a lo que siempre respondía de forma afirmativa.
Y así, la tarde llegó a su ocaso. El sol había comenzado a engañar a la vista simulando movimiento y el color púrpura del atardecer había comenzado a pintarse en el despejado cielo. Los chicos, quizá como cortesía, invitaron a la chica a cenar esa noche, aludiendo a una cita que estaba programada hacía tiempo ya y que en realidad, acababa de improvisar. Ella aceptó encantada, agradeciendo tanta amabilidad hacia su persona.
Milagros que de vez en cuando suceden, aquella noche se presentó en aquella vieja pizzería el primero. Siempre era el último, el último con gran diferencia y, cual Son Goku transformándose en un guerrero superior, éste chico se transformaba de manera radical en cuestión de unos minutos. Se diría que se había bañado en una bañera llena de Nenuco, porque hasta los amigos percibieron la fragancia incluso antes de salir de casa. Llegaron dos amigos más y se miraron sonrientes, como si el hecho de verlo allí ya hubiese sido previsto de antemano. Poco a poco, fueron llegando los demás… y al final, ella. Iba vestida con un vestido escotado de color turquesa y como complemento lucía un par de zarcillos de oro. Todos estuvieron de acuerdo en que estaba muy hermosa, todos menos uno, aquel al que la imagen le hizo recordar las ilustraciones de las diosas del Olimpo. Venía acompañada de dos amigas más y después de las pertinentes presentaciones y saludos, se sentaron a la mesa y pidieron el menú. Ella pidió un botellín de agua y él… también, a pesar de que nunca pedía esa bebida para acompañar a la pizza. Ella pidió una pizza marinera y él… también, a pesar de que no le gustaban las anchoas. La conversación tornó sobre música rock, fútbol y videojuegos. De vez en cuando, alguno reseñaba algunos matices literarios. Y todo discurría de una manera amena y agradable. Hasta que sus ojos se encontraron. Los ojos de él, perdidos en ningún sitio, mostrando ese aire de estar por encima que, a fuerza de práctica, había conseguido desarrollar consiguieron captar el momento en que los ojos de ella, mostrando una mirada llena de dulzura, se entrelazó con la de él. El tiempo se detuvo en su corazón. Este chico era el mejor ejemplo para esos idiotas que afirman que una persona sólo se enamora una vez en la vida, que el resto de veces nunca es igual y que no es amor cierto. Es misma sensación que había experimentado mil veces volvió a él. También podía contradecir a esos que dicen que para enamorarse se necesita un conocimiento previo de la persona. Él hubiese dado la vida allí mismo por aquella mujer recién llegada. Intentando demostrar que él era el mejor chico, el más romántico, el más culto…el que más se merecía el amor de la muchacha.
–Paco, ¿me puedes devolver las Rimas de Bécquer?
–¿Cuál? ¿Ése que me prestaste y que estaba precintado porque no lo habías abierto?
El comentario de Paco le sentó como si le hubiesen disparado un bazooka en el pecho, su cerebro escaso de ideas y poco propenso a aceptar que lo dejasen en ridículo reaccionó con un comentario mediocre de excusa barata.
–Sí, lo acababa de comprar y a ti se te antojó leerlo. Y como estaba leyendo una antología de Lord Byron, pues por eso te lo presté sin haberlo abierto.
Paco, que sabía perfectamente que aquellos comentarios estaban destinados a impresionar a la chica, que aquel tipo no leería nunca a Bécquer simplemente porque no le gustaba, optó por asentir y lo convidó a ir a su casa aquella misma noche y recoger el libro o mañana lo traería él. ¿Lord Byron? Paco movió su cabeza resignado.

Siguieron yendo a la playa juntos. Él volvió a renegar de su Playstation, y pasaba los días escuchando a Luis Miguel, a Tamara y a cuanto intérprete pudiera ofrecerle letras que describiese sus estados de ánimo. También pasó de ver películas al estilo Rambo a películas del estilo Los puentes de Madison. Ella leía novelas de Paulo Coello y de Brian Weiss y algún que otro fascículo sobre recetas de cocina, alegando que era una de sus pasiones. Todos los muchachos bromeaban con ella, comentándole que su novio sería el hombre más afortunado del mundo con una mujer tan ejemplar como ella.
Una noche, en la puerta del cine, discutían sobre la película que entrarían a ver. La mayoría de ellos optó por el Mundo nunca es suficiente. Aquí se le presentó un gran dilema, ya que él como buen aficionado al cine de acción y a las fantasmadas de James Bond, ardía de deseos de unirse a sus amigos para ver la película. Pero si lo hacía… Ya no sería ese tipo romántico, ese tipo con el que todas las mujeres sueñan, porque los chicos a los que le gustan las películas de acción, el fútbol, los videojuegos… No, esos chicos no son románticos y pierden puntos antes las mujeres. Al final optó por entrar a ver Las normas de la casa de la sidra… con ella. A mitad de la película, él se había quedado dormido y ella maldecía tanto teatro. La historia era bonita, sí, pero no encajaba con sus preferencias. Se preguntó porque tanta actuación en papeles baratos por sólo llamar la atención. Sin pensárselo dos veces, le arreó dos trancazos y lo despertó. Su mirada denostaba terror. ¡Se había quedado dormido! ¿Qué pensaría ella? Él tenía que llorar con la película, eso le gusta a las mujeres, las ñoñerías de los hombres tiernos, porque un hombre no puede ser tierno si no llora con las películas…
–Ya me he cansado de esta mierda, me voy. Y creo que tú deberías hacer lo mismo porque estás roncando.
Aquello fue peor que una puñalada con un cuchillo jamonero en pleno corazón. Las lágrimas pedían permiso a gritos para pasar al exterior a través de sus lacrimales. Aún así, abandonó la sala detrás de ella.
A fuera, ella entró en un Mc Donalds y pidió un menú gigante con hamburguesa de pollo. Ella lo miró y lo invitó a pedir. Él para no variar, pidió lo mismo. Esta vez, al menos, sí era cierto que ése era su menú favorito. Después de llevar la bandeja hasta la mesa y tomar asiento, habló.
–Creo que te debo una explicación y una confesión si se puede llamar así. Verás, yo no soy como finjo ser. He estado actuando todo este tiempo por parecer ese arquetipo de mujer “políticamente correcta”. Tenía miedo de ser como yo soy por miedo al rechazo. Joder, ahora que lo digo en voz alta, parezco la persona más gilipollas del planeta. La película de esta noche, una historia preciosa sí, pero yo prefiero la acción, las fantasmadas de Bond, James Bond, me estaba quedando dormida y veo que tú lo has hecho, sin más. Odio la cocina, no me gusta para nada. No sé ni freír un huevo, pero pareciendo interesada en ella, parecía yo misma más interesante bajo mi máscara de actriz. Ah, y prefiero guiar a Cloud a vengar la muerte de Aeris que esas mierdas de series como Al salir de clase. Creo que lo mejor es que, si voy a ser vuestra amiga, sepáis cómo soy en realidad y no lo que pretendo ser.
Una sonrisa de remedio que llega se pintó en el rostro de él. Y él también se sinceró. Contó que a pesar de qué si le gustaba Luis Miguel, tampoco era su única afición. También le gustaba el cine de acción, matar marcianos, rescatar princesas y ganar carreras de coches.
Muchos años después, compartiendo sus vidas y disfrutando de sus aficiones juntos, eran la pareja más compenetrada de cuantas formaban sus conocidos.
Fingir toda la vida es, sencillamente, imposible. El mundo es muy grande y debe caber todo. No se puede gustar a todo el mundo; lo mejor: sé tú mismo

viernes, 17 de julio de 2009

El círculo de los errores.

Nadie podía saber qué se le pasaba por la cabeza. Las personas que lo conocían, o, mejor dicho, que creían conocerlo, agitaban la cabeza desesperanzadamente cuando se enteraban o veían por ellos mismos, las andazas de este singular personaje. Cuando él decía que estaba enamorado, eran tiempos de depresión. Parecía encerrarse en sí mismo como un caracol en su concha y lo podías ver durante varias horas poniéndose como un pimiento morrón al sol de la playa, con los auriculares puestos, y escuchando, seguramente, boleros de Luis Miguel en el que se contaban miles de historias con las que él podía sentirse identificado y que, debido a su dilatada experiencia, debería saber que todo pertenece al mundo comercial, pues... ¿quién va a creerse que un tipo como Luis Miguel va a sufrir así por amor? Sus amigos lo miraban preguntándose cómo era posible caer de la euforia al hastío en tan poco tiempo. Algunos pensaban que incluso las sustancias estupefacientes podían estar presentes en la vida del chico a fin de aliviar sus penas amorosas. Pero la mayoría pensaba que su problema se eliminaría con el sencillo acto de decirle a la chica sus sentimientos y esperar que la respuesta fuese positiva. Si no lo fuese, siempre podría contentarse que hizo todo lo que estuvo en su mano, porque, por supuesto esto no dependía únicamnete de él...
La preocupación de sus amigos iba a mayores cuando quedaban para pasear durante las noches calurosas de la costa y no se presentaba a la hora acordada. Tras una espera de media hora iban a su casa a buscarlo, para encontrarse con la respuesta de su madre de que había salido hace tiempo. Los amigos se iban al paseo marítimo sabiendo que tarde temprano darían con él... si es que ella había salido. Una noche lo vieron allí, junto al grupo que la acompañaba haciéndose cargo de una docena de helados de quinientas y pico pesetas cada uno. Sus amigos se llevareon las manos a la cabeza, pues a ellos nos los invitaba a un triste refresco de cola ni por su cumpleaños y ahora se cargaba los ahorros de tres meses en una noche por quedar bien con ella. Todos se preguntaban si no hubiera quedado mejor invitándo a la chica a una cena en un restaurante a pie de playa que acoplándose sin ser invitado a un grupo y hacer esto gesto de poca conciencia que, desembocaría en un torrente de burlas que harían a la chica sentirse más incómoda si cabe.
Poco a poco fue cambiando sus hábitos hasta ser prácticamente irreconocible; cambió su colonia Carolina Herrera por la de Diávolo, pues esta chica era fan de Antonio Banderas, renegó de los buenos ratos que pasaba junto a su consola porque decía que matar marcianos o ir a rescatar a una princesa no era romántico y que a las chicas el rollo de los juegos de video no les iba. ¿Qué hubiera pensado este chico si hubiese visto a "romántico" Luis Miguel, el rey de las canciones de amor deprimentes, enganchado en un torneo de juegos de coches?, cambió sus hábitos alimentarios, dejando a un lado su querida cerveza porque a la chica no le gustaba el alcohol, y atiborrándose a helados ya que a ella sí que le gustaban, incluso llegó a hacerse fan de los Hombres G, grupo del que siempre había hablado mal... Todos estos cambios fueron acompañados por interminables esperas en sitios por donde ella tenía que pasar y tras hacer que pareciese una coincidencia el encuentro, la acompañaba hasta su casa cuya dirección era diametralmente opuesta a la de él.
La chica ya no sabía qué hacer. Si por lo menos se comportarse como un chico normal... Pero este modus operandi cercano a lo dudosamente sano, llegaba incluso a asustarla.
Un día ya no pudo más. Allí estaba de nuevo, solo, olvidándose que había quedado con sus amigos para ir al cine, fingiendo de forma tan mala que ni él mismo se la creía, que el encuentro había sido casual. Ella se armó de valor, respiró lentamente y se fue hacia él. Le habló claro. Le habló de cosas que él ni siquiera le había dicho. Le dijo que por favor no la molestase más, que ya ni siquiera podían ser amigos, debido a su comportamiento. Ella lo sentía mucho pero no podía corresponder ese amor enfermo que él demostraba en cada uno de sus actos.
Con la cabeza agachada, abandonó el lugar. Nadie supo de él durante una semana. Su madre decía que no estaba en casa cada vez que alguien preguntaba por él, pero la señora no parecía en absoluto preocupada. Los amigos se preguntaban si realmente habría salido o eso que él creía depresión lo tendría consumido en la soledad de su cuarto recuperando las horas de matar marcanos y rescatar princesas que había perdido por considerarla una actividad de gente no romántica y que, sin duda, le daría puntos extras por conseguir el corazón de la chica... En lo que sí estaban de acuerdo todos era en que volvería. Y también en que no habría aprendido nada de esta experiencia; la siguiente moza que apareciese en escena y lo cautivara, haría que volviese a sus auriculares, a Luis Miguel y a renegar de los juegos y hasta del fútbol, si es que la nueva princesa de su corazón era detractora de este deporte.
Como si de una profecía se tratase a los diez días volvió a dar señales de vida y a los catorce, tras la llegada de una prima de unos de sus amigos, sus tentáculos volvieron a deslizarse en el mundo de los sin remedios, cometiendo todos los errores que había cometido en su experiencia pasada y, sin embargo, tan cercana.

miércoles, 3 de junio de 2009

Los ojos de sus sueños

Ya no era igual. Nada era igual. Ni siquiera el silbato que anunciaba las llegadas y las salidas. A pesar del grado de comodidad y servicio que habían adquirido aquellos vagones con el paso de los años, él prefería los tiempos antaños. Dos niños corrían por el pasillo entre los asientos, lo miraron y siguieron hacia adelante, quizá atemorizados por su cara de amargado. Recordaba aquella misma estación hacía veinticinco años, aquellos tiempos en los que sabía que subir al vagón del tren era perder muchas horas hasta que llegara a su destino. Ahora apenas podía leer cien páginas de cualquier libro. Aquello no podía tener sentido, ¿cómo no congratularse por los avances de la tecnología? ¿Cómo sentirse incómodo cuando a sus pies se extendía lo último pensado para la comodidad del pasajero? Sonrió con amargura, porque sabía la respuesta. Y a pesar del tiempo que había pasado, aún se preguntaba porque el destino le había derrotado en aquella partida de póker imaginario. Era un as en las nuevas tecnologías, o eso pensaban sus allegados. Llevaba el último modelo de iPod, de 32 gb, donde podía llevar tantas canciones que resultaría imposible escucharlas todas antes de que la maldita batería del cacharro dijera que hasta aquí hemos llegado. Esto tampoco dejaba de resultarle patético. ¿Para qué hacen coches que alcanzan velocidades superiores a ciento veinte si no puedes ir más rápido, al menos en España? ¿Por qué le metían tanta capacidad de almacenamiento a los malditos aparatos si no eran capaces de mantenerse en funcionamiento el tiempo suficiente para poder reproducirlos todos? No sabía si iba solo en su asiento porque había sido una coincidencia o por si, dado su huraño aspecto, su potencial compañero hubiera preferido sentarse en otro lado. Cerró sus ojos y encendió el iPod. Sonaba la canción de Gloria Trevi "Psicofonía". Pensaba que era una de las pocas canciones que hoy en día contaban una hermosa historia. Le gustaba la música pop actual, pero la encontraba carente de significado, muy potente, sí, pero falta de alma. Entre las canciones que llevaba para el viaje se encontraba "La nave del olvido". La canción que sonó en un aparato de radio, hacía veinticinco años, y lo acompañó durante cinco minutos de aquel viaje que duró nueve horas. Pero qué cinco minutos. Terminada la canción de Gloria Trevi, empezó "Devuélveme la vida" de Bustamante. Se preguntó por qué carajo pensó que esta canción podía subirle el ánimo, quizá por lo rápido de su melodía... "Devuélveme los euros que la he cagao" Pulsó el botón de avanzar y suspiro aliviado al saber que cuando llegara de nuevo el turno de esa canción la batería se habría ido a tomar viento fresco. No tenía ganas de leer. Se perdió mirando la moderna estación, ladrillo y más ladrillo, gente y más gente deambulando por los andenes, hasta que el tren se puso en marcha. Cerró los ojos y revivió en su mente uno de los momentos más inolvidables de su vida.
Casi no se había dado cuenta de la persona que iba a su lado hasta que maldijo por lo bajo por no encontrar una emisora de radio. Ella le dijo un dial y él se quedó mirándola, sin entender nada. Ella señaló a la radio y él, con un gesto tímido, inclinó la cabeza. La miró antes de girar la rueda para buscar la emisora de radio, ella le sonrió. Tenía una sonrisa preciosa, luminosa, blanca como la nieve. Los ojos negros como la noche y la piel bronceada. Su cabello negro como el ébano le caía por los hombros. Llevaba un vestido largo, de color azul oscuro y unos zapatos del mismo color. Esforzándose en fijar la vista en la aguja del marcador de emisoras de la radio, consiguió encontrar una emisora de música, en las que había más publicidad que sonido, pero se contentó con la calidad que el escaso sonido ofrecía. Le bajó el volumen a la radio, se la pegó al oído y se recostó sobre el costado del vagón, sumiéndose en el sonido y el vaivén del vagón sobre los raíles. Ella le pidió que, si por favor, podía subir el volumen del aparato. Sonó "La nave del olvido" y según las palabras de ella, era la canción más bonita que se había escrito. Él le respondió que Dino Ramos habría de haber estado muy inspirado en hacer una canción como aquella y que a él también le gustaba mucho. Pasaron el resto del viaje hablando de música, de libros, de miles de tonterías que hablan la gente que no tiene nada mejor qué hacer, pero lo que él (y ella) tenía claro es que José José había roto el hielo. Aquel viaje fue el más corto de su vida.
Durante mucho tiempo lamentó su cobardía, pensó que los malditos teléfonos móviles habían sido inventados muy tarde o que quizá a algún capullo no le dio la gana de comercializarlo antes, lo mismo daba. Podía haberle pedido la dirección, saber dónde vivía y proponerle un nuevo encuentro. Aquella hermosísima mujer había demostrado tener un nivel superior a todo lo conocido por él, que no era mucho, correcto, pero esta mujer era cierta, y, superior a todo lo que él conocía. Podía haber hecho muchas cosas, incluso meter la pata hasta el fondo... Y no hizo nada. Lamentarse en el futuro, pasar varios años preguntándose cada mañana dónde estaría, con quién estaría, qué escucharía y hasta qué desayunaría.

El tren aminoró su marcha. Señal inequívoca de que su destino estaba cerca. Abrió los ojos y se dio cuenta que había una señora sentada en frente de él. El tren terminó de aminorar su marcha y se detuvo. Miró a la señora a los ojos y éstos le estaban emitiendo un saludo. Los fantasmas del pasado parecían volver a aparecer en el presente. Se había pasado el viaje entero recordando a aquellos ojos, porque eran esos ojos, estaba seguro. Conocía aquellos ojos negros y hermosos como la noche. Toda la vida esperando la oportunidad de su vida para coger su chaqueta levantarse y salir del vagón. Moriría sabiendo que había vuelto a ver a los ojos de sus sueños

sábado, 4 de abril de 2009

Un remedio para un sin remedio

No podía salir ni siquiera a trabajar sin que su pareja estallara en celos. Al volver a casa, era sometido a un interrogatorio cruel y sin sentido, con preguntas de naturaleza inverosímil y propósito aún más descabellado. Por la mañana, mientras preparaba su café, procuraba actuar con el sigilo del mejor de los espías pues, de lo contrario, se vería sometido a una inspección que ni los técnicos de la ITV son capaces de realizar a los maltrechos motores de las máquinas que nos mueven. "¿Por qué te has puesto colonia?" "¡Estás muy bien peinado!" "Se te ve muy bien para ir a trabajar" ... Mejor degustar el café cargado en silencio, dejando que la mente divague por horizontes perdidos que sentir como la sangre llega a temperaturas poco recomendables.
Cierra la puerta sin que se escuche el más mínimo resquicio de un roce, y se dirige a la estación de metro. En su mente repasa la agenda del día y sabe que a la noche se verá sometido al enésimo interrogatorio de su vida: Su madre le ha dicho que pase por casa. Acaba de llegar de un viaje del imserso y le ha traído un recuerdo de la Costa Brava. Por supuesto, el principal motivo de la llamada es verlo, lleva dos semanas sin hacerlo. Sonríe. Pero es una sonrisa amarga. Tenía celos de su madre. Por más vueltas que le daba a la cabeza, no conseguía atisbar un mínimo sentido a aquella situación.
Llega a su oficina y un compañero le dice que ha recibido una llamada. De ella. Devuelve la llamada, un tanto preocupado por si ha ocurrido algo. Habla durante unos pocos segundos y cuelga. Sus mejillas muestran un color cercano a la cólera y, contra su voluntad, su cabeza plantea la cuestión sobre cuanto tiempo más podrá soportar aquello. ¡Lo había llamado por si realmente había ido al trabajo! Esa habían sido sus palabras. En realidad no había terminado su frase. "Quiero saber si realmente has ido a trabajar o te has ido con otra" Esas palabras eran las que su labios tenían la intención de pronunciar. Se sienta y mira los montones de papeles que están sobre su mesa. Lo único que quiere es darles un manotazo y marcharse a buscar una botella de Chivas a algún lugar para que le calme la rabia que lo embarga. Suspira por enésima vez en lo que va de mañana. Coge una hoja de papel y la mira. Vuelve a ponerla en su sitio. En esa hoja de papel está escrita una noticia sobre un acuerdo al que tratan de llegar los bancos con el ejecutivo, pero él sólo es capaz de "leer" la voz preguntándole mil idioteces. Mira el reloj, aún faltan siete horas y media para la hora de salida...

Coge el teléfono y marca un número que hace un par de años que no marca. Contesta una voz de mujer y otra voz de mujer saluda desde el otro lado.
-Hola, ¡Cuánto tiempo!
-¡Hola! Sí, hace una eternidad y sin embargo, parece tan poco... Por cierto, ¿cómo estás? ¿Qué hay de tu vida?
-Te llamaba para eso, ¿podrías hacerme un favor?
-Me temo que te lo debo.
-¿Podemos vernos en una hora en la cafetería de la Alameda?
-Allí estaré.
La comunicación se corta.Un suspiro de alivio retumba por las cuatro paredes del salón.

Mira su reloj y acaba suspirando de alivio. También se pellizca para asegurarse que no está dentro de un sueño donde la vida le está proporcionando un día de paz. A lo largo de la mañana, el teléfono no ha vuelto a sonar. Su compañero le da una palmada en la espalda y los dos se levantan camino del comedor del edificio donde se ubican las oficinas.

-Perdona que te diga esto, pero estás más loca que una cabra. Ni una regadera tiene más agujeros que tu cerebro.
-Sé que se ve con otra...
-¿Sabes? ¿Seguro?
-Bueno... no. Pero lo presiento y mis intuiciones nunca fallan.
-Ah, ¿sí? Venga, hija, intuye los números de La Primitiva y dímelos cuando haya bote.
-No seas mamona. Entonces qué. ¿Vas a ayudarme?
-No puedo negarme, pero quiero que quede claro que esto es una locura.
-Si se resiste, entonces podré estar segura de sus sentimientos
-Lo conozco desde que era un crío y yo estoy completamente convencida de esos sentimientos de los que tanto dudas.

Llega a casa. Lleva una bolsa con varios recuerdos de la Costa Brava. Del cuarto de baño le llega el sonido del agua caer. Va al cuarto y se desnuda para esperar su turno. Ella sale, lo ve allí en la cama, envuelto en una toalla, con los ojos cerrados.
-Llegas tarde.
Se traga el arrebato de cólera que lo consume.
-Ya te dije que iba a ir a casa de mi madre. Ahí, en la mesa, tienes los recuerdos. Creo que muestran que he estado allí.
-¿Por qué no me has llevado?
-Porque no os podéis ni ver. Siempre estáis echándoos mierda encima y yo estoy hasta los huevos de estar entre la espalda y la pared.
-No me has llevado porque seguramente has llevado a alguna compañera de trabajo que le cae mejor que yo.
Se levanta con ganas de darle una paliza. Pasa por el lado de ella sin decir nada. Se mete en el cuarto de baño y cierra la puerta con el seguro del cerrojo.
Cuando sale del baño, ve que Noelia está en la casa. Le hace un gesto con la cabeza a modo de saludo, sin mirarla, porque no sabe que puede ocurrir si la saluda como se saludan las personas normales. Tampoco le apetece, está demasiado cansado para querer visitas. Vuelve para tomar la cena y se marcha a dormir con la excusa de que ha sido un día malo.


Desapareció hace cinco años. Ni una nota, ni una noticia, ni una llamada, ni un número de teléfono donde localizarlo. Ha llorado todos los días, sin fallar. Está viva porque respira, porque tiene pulso vital, porque le brotan lágrimas... Pero no hace casi nada correspondiente al mundo de los vivos. Apenas come, bebe, ni siquiera se baña todos los días, un ritual sagrado para ella en el pasado. No sabe qué pensar. Está tan cerrada en ella misma que no es capaz de ver que tiene problemas. Y que quizá los ha tenido siempre.

Cuando se acercó su rechazo fue espontáneo. Dos palabras pronunciadas con tono amargo y hostil creyó que bastarían para que se alejara y, sobre todo, le evitara fantasmas imaginarios por parte de su pareja. Al segundo día aceptó un almuerzo a medias. Le gustaba escuchar su voz, incluso consiguió arrancarle una sonrisa tímida, pero cálida y humana, al fin y al cabo. Hasta las personas que se han vuelto de piedra pueden volver a tener sensibilidad con un poco de calor que derrita las férreas barreras de defensa con las que se evitan los daños... y con las que se impide el paso de algunos retazos de felicidad. Al final, ella consiguió hacer que volviera a sentir ganas de vivir.

Sabía que se había buscado su propia ruina. Maldijo aquel día que recordó que le debían un favor. Ahora veía con claridad lo que había hecho. Ahora veía que su propia conducta había hecho que nacieran sus dudas. Nada más. Nadie más que ella había participado en su desdicha. Lo supo aquella mañana cuando al poner el televisor, vio en un acto a un hombre que ella había conocido, apenas había envejecido en cinco años, sus ojos estaban llenos de luz policromada y en su rostro se veía una expresión de absoluta vitalidad. A su lado, respetando a las cámaras y dejando que todo el protagonismo lo ocupara él, pues se lo había ganado, había una mujer morena de ojos verdes que también le era muy conocida. Se llama Noelia. Había una expresión de felicidad en el rostro de aquella mujer a la que hacía cinco años le pidió que cortejara a su marido para asegurarse de la fidelidad de él.