No sé si esta historia será un paradigma extraordinario de mi falta de remedio, o será que en este estado, la situación es completamente inexplicable, se tenga remedio o no. ¿Cuántas veces hemos podido escuchar que si no conoces a una persona, no puede enamorarte de ella? Vamos a ir más lejos, ¿qué es realmente enamorarse? He escuchado muchas respuestas a esa pregunta. Y de todas, creo que la respuesta con la que más comulgo es: "Enamorarse es querer compartir la vida con otra persona". Así a secas. También he oído esa respuesta añadiendo el adjetivo "toda" a la vida. En esta nueva frase, ya no estoy tan de acuerdo. Sé que no tengo remedio, y aunque sea bastante tonto, también, por decir algo en mi defensa, sé aprender de la experiencia. Es curioso que un ateo como yo recuerde unas palabras de una monja que fue una catequista y que preparó para la primera comunión a un niñato que no tenía ni idea de en que realmente consistía aquello. Sólo sabía que después habría un fiestorro y un montón de regalos. Ella afirmó que el futuro no existe. Y que el presente, según ella, tampoco. EL presente dura una millonésima parte de un segundo, quizá menos, y luego se convierte en pasado. Por eso, aunque el cuerpo, con sus impulsos irracionales te digan que quizá quieras pasar "toda" tu vida con alguien, una mente entrenada en los zambombazos que da la vida, rechaza absolutamente esta afirmación. ¿Acaso, si te tomas un café con alguien no estás compartiendo ese momento de tu vida con esa persona? Quizá el enamorarse requiera querer compartir algomás de tiempo que lo que dura un café, pero decir "toda la vida" es decir demasiado. Y más teniendo en cuenta las sabias palabras de la monja porque al no existir futuro, es imposible saber qué va a pasar más allá de instante presente.
Como todo buen español, o malo también, debo decir que odio a los bancos. Y quizá yo no tenga más motivos para odiarlos que porque me cobren comisión por decir "Buenos días". El caso es que los odio, quizá por la feroz campaña que existe ahora contra ellos. Y por envidia de que ellos sí puedan robar sin que sean castigados con penas de cárcel. Y que irónica es la vida, aquella mañana que me presenté en la oficina para pagar otro timo de la sociedad que es el IBI, No tienen bastante con subirnos la cuota de la hipoteca cada vez que ellos quieren sino que también, tenemos que pagar impuestos por tener una casa, una vivienda digna que dice la Constitución que tenemos derecho a ella. La verdad es que mejor guardarse la opinión ante algo que no se cumple tan obviamente. Nada más entrar por la puerta del banco, sentí que todo se volvía blanco, como si los caballeros del cisne, de Cristal y de Acuario hubieran unido sus fuerzas para derramar su polvo de diamantes por allí y cubrieran la estela de la criatura más bella que he visto en mi vida. Pensé que el despertador sonatría de un momento a otro. Era tal la magia que desbordaba esta hada que hasta se me olvidó el montón de ocasiones en las que había prejuzgado a una muchacha como estúpida sólo por ser muy bonita. Se me olvidó que yo soy el rey de los sin rmedios, se me olvidó que estaba en uno de mis lugares más odiados, se me olvidó que lo que me pasa a mí no le pasa a nadie... En aquel momento, sólo sabía una cosa. Que ella era todo lo que existía en el mundo. La certeza creció cuando con la voz más hermosa que ninguna hada de los cuentos tuvo jamás, me dijo buenos días y yo respondí torpemente al saludo, mientras notaba que la cuenta de ahorro bajaba un par de euros por la comisión que el banco cobraba por saludar. Quería decirle todo lo que mi corazón bombeaba hacia el interior del alma pero una vez más, me hallé con los prejuicios. ¿Qué va a pensar esa chica que es la primera vez que la veo si le digo que acabo de perder la razón? Estaban tan hipnotizado que hasta se me olvidó que una mujer así estaría más que prometida. Noté el roce de su mano mientras cogía el recibo del IBI y mi razón se marchó aún más lejos. Una escena que le ocurrió a un conocido acudió a mi mente, totalmente embriagada por aquella imagen que detuvo mi tiempo. Mi conocido le dijo a una chica que la quería y ésta, como respuesta, decidió terminar lo que ella consideraba "lo poco que tenía con él" ¿Cómo puede quererme si no me conoce? Aquella pregunta acudió a mi mente. Y la quería, nunca he estado más seguro de algo que de que quería a ese aparición etérea y perfecta. Con las neuronas en el caribe tomando el sol, es posible que a simple atracción física, la desorbitada belleza de la imagen que me mostraba mis ojos, huberan causado en mi impacto tan grande que, al carecer de razón sana, todo se mezclara. Pero yo sigo estando seguro que el corazón sentía una atracción tan inmensa por aquella mujer que podía haber acabado allí mismo mi vida sólo por verla sonreír. Ella me dijo que tuviera un buen día después de cobrar el impuesto. Deseé que hacienda, Endesa, Aquagest, el patronato me mandaran dos millones de facturas para no despegarme nunca de este sitio, para que mis ojos no dejaran de contemplar a la mayor obra de arte que se ha hecho nunca. Pero como todo espectáculo mágico, al salir por la puerta del banco, noté como el caballero del Cisne conseguía superar el cero absoluto, aunque la ciencia diga que es imposible, para cubrir mi existencia con el más helados de los vacíos.
domingo, 22 de febrero de 2009
jueves, 12 de febrero de 2009
Cuidado con lo que deseas.
Ya no aguantaba más. La situación era insostenible mirase desde la dimensión que mirase. Pero... No podía acabar con la relación. Desconozco si era cobardía, si era miedo a palabras ajenas en la espalda o qué demonios podía ser. El caso es que estaba seguro que debía ser ella quien acabase la relación. O en su defecto, pillarla en una infidelidad para que las cosas cayeran por su propio peso. Casi prefería esto último. Así la ruptura sería inevitable, y, además, me aseguraba de que su corazón estaba ocupado y, por tanto, no volvería a haber ninguna posibilidad de reconciliación no deseada por ambas partes e impuestas por las fuerzas de la costumbre. Cuánto daño hace la costumbre y la estúpida moral que nos enseñan de niños. También es un peligroso enemigo el conformismo. No luchar por lo que se quiere, o, en este caso, por lo que no se quiere, implica grandes dosis de dolor y de frustración. El cúmulo de miedos que se acumulan en algo que quizá sea el alma es tan variado y diverso que consigue en casi todos los casos paralizar las acciones convenientes y convincentes. ¿Le haré daño si la dejo? ¿Llorará? ¿Me hará sentir como un cabrón? ¿Me afectará eso? Preguntas tan estúpidas como esas acuden a la mente y paralizan nuestros nervios. Aparte del miedo a la soledad que nunca he entendido. ¿Qué hay de malo? ¿No es mejor dormir, quizá después de haber sufrido la tensión de querer decir una palabra y que encontrar sino a un muro blanco para decírsela? Quizá hasta esperes una respuesta en esa frustración.
Incluso soñaba que me tenía que agachar cuando pasara un avión para evitar no romperme los adornos, era tal la ansiedad de que aquello terminara que en los instantes en los que el subconsciente toma el mando, recreaba la escena tan deseada y esperada, la escena que haría imposible un retroceso, la escena que me le liberaría por siempre del presente no deseado. Todavía hay algunos estúpidos que consideran su honor ultrajado ante una infidelidad sin saber que, interpretaciones de infidelidad hay tantas como mentes ¿pensantes? existen en el mundo. Hay personas que piensan que por sentirse atraído ante una persona por cualquier atributo irresistible, ya se está cometiendo una infidelidad a la palabra dada de pertenecer a alguien toda la vida. ¿Eso no es una especie de esclavitud? ¿No se terminó por abolir definitivamente? Yo deseaba firmemente pertenecer a ese grupo de hombres ultrajados en su honor porque su pareja que, reconozcámolo, no es tal, se entregue en cuerpo y alma a un Robin Hood que me liberara de las cadenas que el miedo o la cobardía no eran capaces de romper.
Navidad, cena de empresas. Día de libertad. Con excusa por supuesto. Una noche en la que puedo ser yo, aunque mis amigos a los que he perdido por mis obligaciones conyugales no estén. No he vuelto a aquella pizzería de barrio donde tantas y tantas charlas se mantuvieron. No hemos vuelto a quedarnos hasta el anochecer en la playa para luego ir al cine y terminar un día magnífico. Esos amigos no estarán en la cena, pero sí los compañeros de trabajo con los que misteriosamente, esa noche, parece que te han unido lazos de tiempo infinito. Se llega a un restaurante en los que tu atuendo es imprescindible, como si tu traje marcara el precio de tu valía o, incluso, de tu alma. La cena está asquerosa y la factura que la empresa paga para demostrar su arrogancia, es más asquerosa todavía. Luego un par de copas y a casa. Los baretos se llenan de glamour, de trajes, de música de tercera, te cnasas de ver mujeres que son otras mujeres por una noche, te cansas de la falta de valores, te cansas de la soledad. Y a pesar de lo que te espera al llegar, te quieres ir a casa.
No sé quien dijo eso de que hay que tener cuidado con lo que se desea, porque puede hacerse realidad. Lo que tanto había esperado, lo que tanto había soñado, por fin se revelaba ante mis ojos. Ella se estaba dando el lotazo con un top model de las revistas. Y ahí volví a mi condición de hombre miserable. Me sentí humillado, ultrajado, y tantos adjetivos despectivos se les ocurran a ustedes. Se estaba cumpliendo mi sueño y dice la tradición que los sueños, si se cumplen, te hacen ser feliz. A mi lado pasó una chica de largos cabellos negros y ojos verdes como un mar turquesa. Preciosa. Pero me sinceré conmigo mismo. Mirarla no hacía más que confirmarme que aunque hubiera pasado una fregona con dos globos, también me hubiera fijado en ella simplemente como venganza al ultraje de mi honor sin darme cuenta que aquella convivencia ya había ultrajado mi honor hasta el límite de no poder caer más bajo. Pero no importaba, no importaba el hastío, el desencanto, la desilusión... Sólo importaba el presente. Y el presente era que me la estaban pegando. A pesar de que hacía una eternidad que ya no recuerdo que había dejado de considerar a aquella persona mi compañera sentimental para considerarla, simplemente, compañera de convivencia envuelta en fatigas. ¡Qué mala son las costumbres y lo qu nos enseñan desde pequeños! Mi sueño hecho realidad y un profundo malestar recorriendo cada partícula de mi ser. Sigo Estrellado en el Mundo se hundió un poco más en el pozo de los sin remedios, que no son capaces de encontrar el camino hacia el equilibrio de la feliciidad ni aún cuando su sueño se está cumpliendo delante de sus narices.
Incluso soñaba que me tenía que agachar cuando pasara un avión para evitar no romperme los adornos, era tal la ansiedad de que aquello terminara que en los instantes en los que el subconsciente toma el mando, recreaba la escena tan deseada y esperada, la escena que haría imposible un retroceso, la escena que me le liberaría por siempre del presente no deseado. Todavía hay algunos estúpidos que consideran su honor ultrajado ante una infidelidad sin saber que, interpretaciones de infidelidad hay tantas como mentes ¿pensantes? existen en el mundo. Hay personas que piensan que por sentirse atraído ante una persona por cualquier atributo irresistible, ya se está cometiendo una infidelidad a la palabra dada de pertenecer a alguien toda la vida. ¿Eso no es una especie de esclavitud? ¿No se terminó por abolir definitivamente? Yo deseaba firmemente pertenecer a ese grupo de hombres ultrajados en su honor porque su pareja que, reconozcámolo, no es tal, se entregue en cuerpo y alma a un Robin Hood que me liberara de las cadenas que el miedo o la cobardía no eran capaces de romper.
Navidad, cena de empresas. Día de libertad. Con excusa por supuesto. Una noche en la que puedo ser yo, aunque mis amigos a los que he perdido por mis obligaciones conyugales no estén. No he vuelto a aquella pizzería de barrio donde tantas y tantas charlas se mantuvieron. No hemos vuelto a quedarnos hasta el anochecer en la playa para luego ir al cine y terminar un día magnífico. Esos amigos no estarán en la cena, pero sí los compañeros de trabajo con los que misteriosamente, esa noche, parece que te han unido lazos de tiempo infinito. Se llega a un restaurante en los que tu atuendo es imprescindible, como si tu traje marcara el precio de tu valía o, incluso, de tu alma. La cena está asquerosa y la factura que la empresa paga para demostrar su arrogancia, es más asquerosa todavía. Luego un par de copas y a casa. Los baretos se llenan de glamour, de trajes, de música de tercera, te cnasas de ver mujeres que son otras mujeres por una noche, te cansas de la falta de valores, te cansas de la soledad. Y a pesar de lo que te espera al llegar, te quieres ir a casa.
No sé quien dijo eso de que hay que tener cuidado con lo que se desea, porque puede hacerse realidad. Lo que tanto había esperado, lo que tanto había soñado, por fin se revelaba ante mis ojos. Ella se estaba dando el lotazo con un top model de las revistas. Y ahí volví a mi condición de hombre miserable. Me sentí humillado, ultrajado, y tantos adjetivos despectivos se les ocurran a ustedes. Se estaba cumpliendo mi sueño y dice la tradición que los sueños, si se cumplen, te hacen ser feliz. A mi lado pasó una chica de largos cabellos negros y ojos verdes como un mar turquesa. Preciosa. Pero me sinceré conmigo mismo. Mirarla no hacía más que confirmarme que aunque hubiera pasado una fregona con dos globos, también me hubiera fijado en ella simplemente como venganza al ultraje de mi honor sin darme cuenta que aquella convivencia ya había ultrajado mi honor hasta el límite de no poder caer más bajo. Pero no importaba, no importaba el hastío, el desencanto, la desilusión... Sólo importaba el presente. Y el presente era que me la estaban pegando. A pesar de que hacía una eternidad que ya no recuerdo que había dejado de considerar a aquella persona mi compañera sentimental para considerarla, simplemente, compañera de convivencia envuelta en fatigas. ¡Qué mala son las costumbres y lo qu nos enseñan desde pequeños! Mi sueño hecho realidad y un profundo malestar recorriendo cada partícula de mi ser. Sigo Estrellado en el Mundo se hundió un poco más en el pozo de los sin remedios, que no son capaces de encontrar el camino hacia el equilibrio de la feliciidad ni aún cuando su sueño se está cumpliendo delante de sus narices.
lunes, 26 de enero de 2009
Cómo yo no va a quererte nadie.
Hay una frase que he oído hasta la saciedad. No sólo de forma reciente, sino desde los tiempos más antaños. "Como te quiero yo no va a quererte nadie". He pensado en ella y teniendo en cuenta mi condición de estrellado como bien mi nombre indica, tengo que admitir que no la entiendo. ¿De verdad somos tan sabios para saber que no existe nadie en este mundo de unos cinco mil millones de personas que pueda amar con la intensidad suficiente para superarnos? Esta sabiduría del ser humano me desborda. Qué pena ser tan ignorante.
Nunca me ha gustado dedicar canciones o poemas que no haya hecho yo mismo. A pesar de lo fácil que son estas dedicatorias sin mérito alguno. Hay millones de poemas y de canciones que hablan sobre las situaciones más diversas. Y seguro que encuentras alguna que trate de manera fidedigna tu historia, tanto, tanto, que seguro que exclamas "¡Pero si ésta podía haberla escrito yo!" Y luego, también tenemos la inestimable colaboración de algunos programas y locutores de la radio que en sus programas tienen una sección para que fulano X dedique una canción a fulana Y. Quizá yo esté demasiado pasado de vueltas, pero éste acto me parece absolutamente lamentable.
Esta es la historia de Pilar y de Javier, supongamos, dos amigos. Una noche Javier estaba en su casa, después de un duro día de trabajo en el gimnasio. Escucha la canción de Chayanne "Fantasía" "Y mientras tú, seguirás buscando aparte, el calor que yo sé darte, y que siempre ha estado aquí" Dos lágrimas, una por cada ojo, le resbalan por las mejillas sin que él lo pueda evitar. Se toca la mejilla izquierda y palpa el resto húmedo de la lágrima mientras piensa en su terrible mala suerte. Pilar ha cenado con él y le ha contado todos sus problemas. Se ha enamorado de Diego, un conocido de Javier, y resulta que no le hace caso. Pilar ha llegado incluso a llorar durante la cena. A veces, la poca edad es un mal mayor, nos hace ser ignorantes. Javier siente que su sangre hierve, hierve de indignación hierve de celos. Javier no puede explicarse cómo puede existir una persona que sea capaz de rechazar a Pilar. Y también hierve de alivio. Porque una aceptación de Diego, significaría el final de las posibilidades de Javier.
Javier piensa en otro dilema que le acaba de venir a la mente. Si Pilar ama a Diego, eso significa que no me ama a mí y, por tanto, no tengo la más mínima posibilidad. Javier siente su pecho inflamarse por la desesperación, por el desfile de ideas que no dejan de ser eso, ideas y no realidades. "Y mientras yo, viviré de fantasías, inventando que eres mía y que estás loca por mí" La canción está llegando a su fin y la tristeza de Diego y sus desesperación no han hecho más que comenzar. "Yo te amo muchísimo más que ese estúpido de Diego. ¿Por qué no me quieres? Yo te haría feliz, yo te quiero, yo te doy todo lo que tengo..." La fiebre de la ignorancia lo consume. Piensa en hablar con Pilar, decirle todo. Pero desecha esa idea. Pilar acaba de hablarle de sus sentimientos hacia Diego y no tendría ningún sentido que mañana le hablase de sus sentimientos hacia ella sabiendo que Diego ocupa su corazón. Ya se ha sentido demasiado estúpido disimulando que lloraba porque sentía mucho la situación de Pilar por su amor no correspondido, por hacer grandes esfuerzo para ocultar que lloraba no por su amada, sino por las palabras de ésta. Las palabras, el arma más letal de cuantas existen. Quería seguir pareciendo estúpido a los ojos de Pilar y no confirmar que, efectivamente, lo era.
Javier sueña con un playa de aguas tranquilas y transparentes. Un sol asoma de forma débil por el cielo del crepúsculo y escucha el sonido de la risa de Pilar. La mira a los ojos. Puede verse reflejado en esos ojos del color de la miel y de su misma dulzura. Su cabello ondea al viento y Javier siente algo semejante a la plenitud del que nada más puede desear en esta vida. Casi puede sentir el aliento de Pilar cerca de sus labios cuando suena el despertador. Javier se despierta enfadado. Rompe el despertador por haberse atrevido a privarlo de lo más desea en este mundo. Piensa que ese sueño le ha querido decir algo y decide hablar con Pilar. En fin, más bajo ya no puede caer y sólo tiene algo que ganar. Ya lo ha perdido todo.
Llama a Pilar al medio día. La invita a comer. Pilar acepta. Javier termina el bote de colonia que estrenó ayer con los nervios. Parece que ha salido de la fábrica de channel en vez de su casa. Javier vuelve a pensarlo. Comerá con ella, la podrá ver, hablar con ella, oír su voz. Pero luego volverá a casa derrotado, con los ojos llenos de lágrimas que ha tenido que contener haciendo esfuerzos sobrehumanos. Javier quiere darse un golpe en la cabeza para que las ondas de choque lo iluminen en cuánto a lo que debe hacer. Está nervioso, mucho más de lo que lo ha estado nunca. Pilar ya ha llegado cuando llega él. Puede que sea su imaginación pero ocurre algo que él consideraba imposible la noche anterior, cuando la dejó en su casa. Está aún más bonita. Se sientan y piden.
-Pilar, ya no puedo más con esto. Necesito decirte que estyo enamorado de ti y que te quiero.
Pilar se queda muda. Sus delicadas mejillas parecen adquirir un color rojizo. Hace un intento de hablar. Duda. Parece sopesar la situación.
-Javier, yo estoy enamorada de Diego. Y me duele hacerte daño. Eres mi amigo.
-Pero como yo te quiero, jamás va a quererte Diego. Yo jamás te haría llorar.
-Estoy segura que dices la verdad...
-¿Entonces?
-Es eso, Javier. Yo no siento por ti más que una gran amistad. Hace tiempo que sé que me amas y he intentado enamorarme de ti, pero... No puedo. Sé que dices la verdad cuando afirmas que Diego nunca me querrá como me quieres tú. Pero el calor de tu amor no es bastante y al final no saldría bien. Tendríamos que querernos los dos y... no es el caso. Lo siento.
Pilar permanece el resto de la comida sin saber qué hace ni qué decir. Está contenta, porque ha dicho la verdad. La mayoría de la gente dice mentiras para quedar bien y que a la larga, hacen más daño. Seguro que alguna vez nos hemos preguntado cómo es posible que Pilar siga con Diego visto como la trata. "El corazón tiene razones que la razón no comprende" Es así. Javier no entiende nada. No termina de comprender porque Pilar no lo acepta a él. Javier acaba de entrar en el universo de los sin remedio. Aún tiene un largo camino de aprendizaje de las heridas de la vida por delante.
Nunca me ha gustado dedicar canciones o poemas que no haya hecho yo mismo. A pesar de lo fácil que son estas dedicatorias sin mérito alguno. Hay millones de poemas y de canciones que hablan sobre las situaciones más diversas. Y seguro que encuentras alguna que trate de manera fidedigna tu historia, tanto, tanto, que seguro que exclamas "¡Pero si ésta podía haberla escrito yo!" Y luego, también tenemos la inestimable colaboración de algunos programas y locutores de la radio que en sus programas tienen una sección para que fulano X dedique una canción a fulana Y. Quizá yo esté demasiado pasado de vueltas, pero éste acto me parece absolutamente lamentable.
Esta es la historia de Pilar y de Javier, supongamos, dos amigos. Una noche Javier estaba en su casa, después de un duro día de trabajo en el gimnasio. Escucha la canción de Chayanne "Fantasía" "Y mientras tú, seguirás buscando aparte, el calor que yo sé darte, y que siempre ha estado aquí" Dos lágrimas, una por cada ojo, le resbalan por las mejillas sin que él lo pueda evitar. Se toca la mejilla izquierda y palpa el resto húmedo de la lágrima mientras piensa en su terrible mala suerte. Pilar ha cenado con él y le ha contado todos sus problemas. Se ha enamorado de Diego, un conocido de Javier, y resulta que no le hace caso. Pilar ha llegado incluso a llorar durante la cena. A veces, la poca edad es un mal mayor, nos hace ser ignorantes. Javier siente que su sangre hierve, hierve de indignación hierve de celos. Javier no puede explicarse cómo puede existir una persona que sea capaz de rechazar a Pilar. Y también hierve de alivio. Porque una aceptación de Diego, significaría el final de las posibilidades de Javier.
Javier piensa en otro dilema que le acaba de venir a la mente. Si Pilar ama a Diego, eso significa que no me ama a mí y, por tanto, no tengo la más mínima posibilidad. Javier siente su pecho inflamarse por la desesperación, por el desfile de ideas que no dejan de ser eso, ideas y no realidades. "Y mientras yo, viviré de fantasías, inventando que eres mía y que estás loca por mí" La canción está llegando a su fin y la tristeza de Diego y sus desesperación no han hecho más que comenzar. "Yo te amo muchísimo más que ese estúpido de Diego. ¿Por qué no me quieres? Yo te haría feliz, yo te quiero, yo te doy todo lo que tengo..." La fiebre de la ignorancia lo consume. Piensa en hablar con Pilar, decirle todo. Pero desecha esa idea. Pilar acaba de hablarle de sus sentimientos hacia Diego y no tendría ningún sentido que mañana le hablase de sus sentimientos hacia ella sabiendo que Diego ocupa su corazón. Ya se ha sentido demasiado estúpido disimulando que lloraba porque sentía mucho la situación de Pilar por su amor no correspondido, por hacer grandes esfuerzo para ocultar que lloraba no por su amada, sino por las palabras de ésta. Las palabras, el arma más letal de cuantas existen. Quería seguir pareciendo estúpido a los ojos de Pilar y no confirmar que, efectivamente, lo era.
Javier sueña con un playa de aguas tranquilas y transparentes. Un sol asoma de forma débil por el cielo del crepúsculo y escucha el sonido de la risa de Pilar. La mira a los ojos. Puede verse reflejado en esos ojos del color de la miel y de su misma dulzura. Su cabello ondea al viento y Javier siente algo semejante a la plenitud del que nada más puede desear en esta vida. Casi puede sentir el aliento de Pilar cerca de sus labios cuando suena el despertador. Javier se despierta enfadado. Rompe el despertador por haberse atrevido a privarlo de lo más desea en este mundo. Piensa que ese sueño le ha querido decir algo y decide hablar con Pilar. En fin, más bajo ya no puede caer y sólo tiene algo que ganar. Ya lo ha perdido todo.
Llama a Pilar al medio día. La invita a comer. Pilar acepta. Javier termina el bote de colonia que estrenó ayer con los nervios. Parece que ha salido de la fábrica de channel en vez de su casa. Javier vuelve a pensarlo. Comerá con ella, la podrá ver, hablar con ella, oír su voz. Pero luego volverá a casa derrotado, con los ojos llenos de lágrimas que ha tenido que contener haciendo esfuerzos sobrehumanos. Javier quiere darse un golpe en la cabeza para que las ondas de choque lo iluminen en cuánto a lo que debe hacer. Está nervioso, mucho más de lo que lo ha estado nunca. Pilar ya ha llegado cuando llega él. Puede que sea su imaginación pero ocurre algo que él consideraba imposible la noche anterior, cuando la dejó en su casa. Está aún más bonita. Se sientan y piden.
-Pilar, ya no puedo más con esto. Necesito decirte que estyo enamorado de ti y que te quiero.
Pilar se queda muda. Sus delicadas mejillas parecen adquirir un color rojizo. Hace un intento de hablar. Duda. Parece sopesar la situación.
-Javier, yo estoy enamorada de Diego. Y me duele hacerte daño. Eres mi amigo.
-Pero como yo te quiero, jamás va a quererte Diego. Yo jamás te haría llorar.
-Estoy segura que dices la verdad...
-¿Entonces?
-Es eso, Javier. Yo no siento por ti más que una gran amistad. Hace tiempo que sé que me amas y he intentado enamorarme de ti, pero... No puedo. Sé que dices la verdad cuando afirmas que Diego nunca me querrá como me quieres tú. Pero el calor de tu amor no es bastante y al final no saldría bien. Tendríamos que querernos los dos y... no es el caso. Lo siento.
Pilar permanece el resto de la comida sin saber qué hace ni qué decir. Está contenta, porque ha dicho la verdad. La mayoría de la gente dice mentiras para quedar bien y que a la larga, hacen más daño. Seguro que alguna vez nos hemos preguntado cómo es posible que Pilar siga con Diego visto como la trata. "El corazón tiene razones que la razón no comprende" Es así. Javier no entiende nada. No termina de comprender porque Pilar no lo acepta a él. Javier acaba de entrar en el universo de los sin remedio. Aún tiene un largo camino de aprendizaje de las heridas de la vida por delante.
miércoles, 7 de enero de 2009
El destino viajero
Muchas veces, supongo que a todos nos ha dado por pensarlo. Esas parejas compuesta por dos individuos de diferente raza o etnia. Incluso de dos puntos alejados del globo. Y luego todo es lo que es. Algunos casos salen bien y otros no tanto. Pero el hecho de que sus caminos se hayan encontrado supone algo, ¿verdad? ¿Estaremos de verdad en manos de algo que nos mueve y nos pone dónde tenemos que estar? Da igual el medio. Algunos dicen encontrar el amor en un chat de internet. Y la gente piensa que es más fácil. Pero, ¿cuántas páginas hay que ofrezcan un servicio de chat? ¿Cuántas salas y/o categorías? El hecho de que dos personas, una en el polo y otra en el meridiano, coincidan en un momento determinado cuando en un sito son las diez de la mañana y en el otro las cinco de la tarde, en un lugar de chat concreto, no deja de ser un acontecimiento extraño. Todo esto se escapa a mi escasa, por no decir nula, comprensión y voy a cuidar las dos neuronas que me quedan, vaya a ser que se declaren en huelga y entonces sí que iré listo...
Yo estudiaba francés en una academia y ella entró en el aula una tarde de enero. Con ello entró la primavera en la pequeña aula en pleno mes invernal. Después de la pertinente presentación por parte del interrogatorio de la profesora. Cuando yo hube de presentarme me limité a decir Je m'appele Sigo. Menos mal que no dije mis apellidos, hubiera sonado a broma y esta chica además de guapa y elegante, parecía refinada. Supimos que se llamaba Aurora y que vivía aquí destinada por trabajo. Era de un pueblo de Segovia, que ahora mismo, no recuerdo. Llevaba tres años viajando con cierta frecuencia. Había cambiado seis veces de ciudad, lo que nos da un viaje cada seis meses por motivos laborales. Y por supuesto, una adaptación a la ciudad nueva y a las costumbres que pudiesen tener sus ilustres habitantes. Y lo cierto era que Aurora se destapó como una chica culta y hábil en los idiomas; cuando dominara el francés sería su cuarta lengua extranjera. Ya sabía inglés, alemán e italiano. Y no le quedaba mucho para dominar la lengua vecina. Hablaba con bastante fluidez y por descontado, nos daba mil vueltas a los pocos alumnos que había en la academia.
Fue una tarde, que la señora profesora nos puso en parejas para desarrollar una conversación sobre un tema libre, cuando Cupido comenzó a planear otra vez hacer de las suyas. Hablamos sobre "La Celestina" Aún recuerdo mis ridículos intentos por no aparentar el zoquete que soy, no sobre "La Celestina" que en aquel tiempo, recién acabada de leer, me la sabía a las mil maravillas pero sí con mi nivel del idioma vecino, que no llegaba ni de lejos, al de Aurora. Mantuvimos una conversación aceptable sobre Calisto, Melibea, Sempronio, Pármeno, Areúsa, Elicia, Pleberio, Alisa y la vieja alcahueta. Aurora pensaba que ningún ser humano es tan subnormal de matarse por amor. Yo, en aquel tiempo, pensaba que sí, que hay amores tan grandes que te llevan a la caja si no es correspondido. Es curioso que después de tantos y tantos golpes, yo, creyendo que amor sí se podía morir, siguiese vivo... Los sin remedios somos así. La profesora preguntó si pensábamos que Shakespeare se fijo en "La Celestina" para el final de su "Romeo y Julieta" Aurora dijo que no, y yo me callé. El paralelismo existe, sí, pero no creo yo que porque al final el malo muere, todas las películas son iguales.
Era una tarde de domingo, llovía y la casa se me hacía demasiado pequeña. Acabé de leer "La noche del eclipse" de mi muy querido Joan Manuel Gisbert, y decidí ir a uno de los pocos rincones con encanto de mi asquerosa ciudad. El salón de té me recibió aquel día con una fragancia de azahar. La música de Enya sonaba de fondo a bajo volumen. Pedí mi pertinente batido de fresa, cerré los ojos e intenté respirar la paz de ese sitio, un verdadero oasis en medio del desierto. El camarero de casi todos los domingos me trajo el batido y se alejó. Vi una silueta que se levantaba de una esquina en penumbra. Se dirigía hacía mí. El corazón empezó a latirme con más fuerza cuando vi que se trataba de Aurora. Me saludó y yo me levanté para corresponder al saludo. Me preguntó si estaba solo, parecía obvio, pero de cualquier modo, asentí. Entonces ella pidió permiso para sentarse a mi lado, pues también estaba sola. Yo acepté encantado de tener a alguien con quien conversar. Y hablamos durante largo rato, sobre el Renacimiento, el Barroco y el periodo del Romanticismo. Estaba encantado de tener una compañera de charla de tanto nivel como Aurora. De hecho, ella pidió un café más y yo otro batido, esta vez, de chocolate. Me ofrecí a acompañar a Aurora a casa. Y mientras paseábamos por las calles húmedas del desierto mediocre que es este sitio, había momentos en que guardábamos silencio. Entonces se empezaron a asaltar las dudas. ¿Qué hace este ángel en medio de esta mierda de sitio? He estado a punto de dejar la academia este año, de hecho, estaba totalmente decidido, ¿por qué no lo he hecho? ¿Fue sólo por vivir este momento? ¿Hubiera conocido igualmente a Aurora si la hubiese dejado? Desde Segovia, eso está a unos setecientos kilómetros de donde estamos ahora. ¿Por qué tan lejos? ¿Por qué aquí? Mira que hay sitios a dónde podían haberla mandado. Y lo que le queda por viajar. Aurora es joven, tiene veintiséis años, ocho más que yo en aquel momento. Aurora ve que me estoy metiendo demasiado en mis pensamientos y me da un codazo. La miró y me sonríe con una dentadura perfecta. Es muy guapa esta mujer que camina a mi lado. Llegamos a su portal y nos despedimos. Cuando cierra la puerta para subir a su piso, empiezo a echarla de menos. Y me doy cuenta de que he vuelto a caer. Que el cabroncete del ser alado ya ha vuelto a hacer de las suyas. ¿Era verdaderamente necesario traer a un ángel de tan lejos para su diversión? ¿No le bastaba con una de las muchas que hay aquí? A partir de ahí, asistía a las clases de francés con más ganas y ánimos que nunca. Fueron instantes que siempre recordaré y los rituales del café y del batido del domingo también se extendieron haciendo que mi resistencia fuese cediendo cada día más y me planteara la posibilidad de decirle a Aurora lo que pasaba más que por mi cabeza, por mi corazón. Hasta que el día que, yendo a un rincón que se había vuelto más especial todavía, encontré un papel encima de la mesa donde siempre nos sentábamos. Con el corazón latiendo con fuerza, desenrollé el papel y con una caligrafía pulcra y delicada habían escritas palabras que se me clavaron como fuego.
Querido Sigo:
Todo ha sido demasiado precipitado. Pero cuando leas estas líneas ya estaré en mi nuevo destino que esta vez, al menos, está cerca de mi Segovia natal. Has sido el único amigo que he tenido en estos dos meses que ha durado mi estancia allí. Y te has portado, a pesar de tu juventud, como el más maduro de los hombres. Ojalá algún día podamos vernos de nuevo, pero tampoco esa hipotética vez, me despediré, no lo soporto y acabo con los ojos bañado de lágrimas. Una verdadera suerte haber coincidido contigo durante mi estancia.
Mis ojos también están bañados de lágrimas. EL camarero me trae mi batido de fresa y me dice:
-El viernes dejó la nota para ti. Estaba convencida que regresarías.
-Gracias por dármela.
Deja el batido sobre la mesa pero no puedo probarlo.Estoy seguro que la fresa y la nata que lo componen, nunca sabrán a lo mismo sin el café brasileño de Aurora al lado.
Yo estudiaba francés en una academia y ella entró en el aula una tarde de enero. Con ello entró la primavera en la pequeña aula en pleno mes invernal. Después de la pertinente presentación por parte del interrogatorio de la profesora. Cuando yo hube de presentarme me limité a decir Je m'appele Sigo. Menos mal que no dije mis apellidos, hubiera sonado a broma y esta chica además de guapa y elegante, parecía refinada. Supimos que se llamaba Aurora y que vivía aquí destinada por trabajo. Era de un pueblo de Segovia, que ahora mismo, no recuerdo. Llevaba tres años viajando con cierta frecuencia. Había cambiado seis veces de ciudad, lo que nos da un viaje cada seis meses por motivos laborales. Y por supuesto, una adaptación a la ciudad nueva y a las costumbres que pudiesen tener sus ilustres habitantes. Y lo cierto era que Aurora se destapó como una chica culta y hábil en los idiomas; cuando dominara el francés sería su cuarta lengua extranjera. Ya sabía inglés, alemán e italiano. Y no le quedaba mucho para dominar la lengua vecina. Hablaba con bastante fluidez y por descontado, nos daba mil vueltas a los pocos alumnos que había en la academia.
Fue una tarde, que la señora profesora nos puso en parejas para desarrollar una conversación sobre un tema libre, cuando Cupido comenzó a planear otra vez hacer de las suyas. Hablamos sobre "La Celestina" Aún recuerdo mis ridículos intentos por no aparentar el zoquete que soy, no sobre "La Celestina" que en aquel tiempo, recién acabada de leer, me la sabía a las mil maravillas pero sí con mi nivel del idioma vecino, que no llegaba ni de lejos, al de Aurora. Mantuvimos una conversación aceptable sobre Calisto, Melibea, Sempronio, Pármeno, Areúsa, Elicia, Pleberio, Alisa y la vieja alcahueta. Aurora pensaba que ningún ser humano es tan subnormal de matarse por amor. Yo, en aquel tiempo, pensaba que sí, que hay amores tan grandes que te llevan a la caja si no es correspondido. Es curioso que después de tantos y tantos golpes, yo, creyendo que amor sí se podía morir, siguiese vivo... Los sin remedios somos así. La profesora preguntó si pensábamos que Shakespeare se fijo en "La Celestina" para el final de su "Romeo y Julieta" Aurora dijo que no, y yo me callé. El paralelismo existe, sí, pero no creo yo que porque al final el malo muere, todas las películas son iguales.
Era una tarde de domingo, llovía y la casa se me hacía demasiado pequeña. Acabé de leer "La noche del eclipse" de mi muy querido Joan Manuel Gisbert, y decidí ir a uno de los pocos rincones con encanto de mi asquerosa ciudad. El salón de té me recibió aquel día con una fragancia de azahar. La música de Enya sonaba de fondo a bajo volumen. Pedí mi pertinente batido de fresa, cerré los ojos e intenté respirar la paz de ese sitio, un verdadero oasis en medio del desierto. El camarero de casi todos los domingos me trajo el batido y se alejó. Vi una silueta que se levantaba de una esquina en penumbra. Se dirigía hacía mí. El corazón empezó a latirme con más fuerza cuando vi que se trataba de Aurora. Me saludó y yo me levanté para corresponder al saludo. Me preguntó si estaba solo, parecía obvio, pero de cualquier modo, asentí. Entonces ella pidió permiso para sentarse a mi lado, pues también estaba sola. Yo acepté encantado de tener a alguien con quien conversar. Y hablamos durante largo rato, sobre el Renacimiento, el Barroco y el periodo del Romanticismo. Estaba encantado de tener una compañera de charla de tanto nivel como Aurora. De hecho, ella pidió un café más y yo otro batido, esta vez, de chocolate. Me ofrecí a acompañar a Aurora a casa. Y mientras paseábamos por las calles húmedas del desierto mediocre que es este sitio, había momentos en que guardábamos silencio. Entonces se empezaron a asaltar las dudas. ¿Qué hace este ángel en medio de esta mierda de sitio? He estado a punto de dejar la academia este año, de hecho, estaba totalmente decidido, ¿por qué no lo he hecho? ¿Fue sólo por vivir este momento? ¿Hubiera conocido igualmente a Aurora si la hubiese dejado? Desde Segovia, eso está a unos setecientos kilómetros de donde estamos ahora. ¿Por qué tan lejos? ¿Por qué aquí? Mira que hay sitios a dónde podían haberla mandado. Y lo que le queda por viajar. Aurora es joven, tiene veintiséis años, ocho más que yo en aquel momento. Aurora ve que me estoy metiendo demasiado en mis pensamientos y me da un codazo. La miró y me sonríe con una dentadura perfecta. Es muy guapa esta mujer que camina a mi lado. Llegamos a su portal y nos despedimos. Cuando cierra la puerta para subir a su piso, empiezo a echarla de menos. Y me doy cuenta de que he vuelto a caer. Que el cabroncete del ser alado ya ha vuelto a hacer de las suyas. ¿Era verdaderamente necesario traer a un ángel de tan lejos para su diversión? ¿No le bastaba con una de las muchas que hay aquí? A partir de ahí, asistía a las clases de francés con más ganas y ánimos que nunca. Fueron instantes que siempre recordaré y los rituales del café y del batido del domingo también se extendieron haciendo que mi resistencia fuese cediendo cada día más y me planteara la posibilidad de decirle a Aurora lo que pasaba más que por mi cabeza, por mi corazón. Hasta que el día que, yendo a un rincón que se había vuelto más especial todavía, encontré un papel encima de la mesa donde siempre nos sentábamos. Con el corazón latiendo con fuerza, desenrollé el papel y con una caligrafía pulcra y delicada habían escritas palabras que se me clavaron como fuego.
Querido Sigo:
Todo ha sido demasiado precipitado. Pero cuando leas estas líneas ya estaré en mi nuevo destino que esta vez, al menos, está cerca de mi Segovia natal. Has sido el único amigo que he tenido en estos dos meses que ha durado mi estancia allí. Y te has portado, a pesar de tu juventud, como el más maduro de los hombres. Ojalá algún día podamos vernos de nuevo, pero tampoco esa hipotética vez, me despediré, no lo soporto y acabo con los ojos bañado de lágrimas. Una verdadera suerte haber coincidido contigo durante mi estancia.
Mis ojos también están bañados de lágrimas. EL camarero me trae mi batido de fresa y me dice:
-El viernes dejó la nota para ti. Estaba convencida que regresarías.
-Gracias por dármela.
Deja el batido sobre la mesa pero no puedo probarlo.Estoy seguro que la fresa y la nata que lo componen, nunca sabrán a lo mismo sin el café brasileño de Aurora al lado.
sábado, 27 de diciembre de 2008
Las leyes
En mi vida ha sucedido de todo, menos esto. De cualquier modo, el hecho de ser hombre, y en el hipotético y poco probable caso de que acabe teniendo pareja, me hace tener muchas papeletas para el sorteo de irse al otro barrio antes que mi compañera en potencia. También he pensado que mi presencia debe generar alguna energía oscura y llena de penurias la vida de quienes tienen el valor de compartir algunas palabras con un sin remedio como yo. No estoy en absoluto satisfecho del país que habito, ni con el presidente del gobierno ni con los demás líderes de los partidos de la oposición. A fin de cuentas, sentarse en Moncloa hace que los ideales se vayan a tomar por dónde usted ya sabe. Me gustaría que hicieran un partido con las siglas VPB (voy a ponerme las botas), ése sería el único que no engañaría a nadie y el que merecería un voto insignificante de alguien no menos insignificante. La ley que privó a una conocida de un derecho que la propia ley recoge, vaya usted a saber quien la aprobó pero demostró con creces la mente de este país, tan lleno de intelectuales y sobre todo, de abogados.
La inmensa mayoría estará de acuerdo conmigo en que el matrimonio hoy en día es un anacronismo, pues en el momento en que vives con alguien, estás metido en el saco, hayas firmado o no un papelito y pagado lo que haya que pagar. Y según la ley, si es que mi ridículo cerebro no la ha interpretado mal, la "viuda" tiene derecho a recibir una paga (ridícula) por parte del estado. Quizá el precio del café del presidente del gobierno le haga pensar que con la pensión de viuedad, mi conocida podría haberse comprado un Ferrari. El caso es que esta persona vivió veintitrés añoas con un hombre que pasó los últimos dos años de su vida en una cama sin poder valerse por si mismo. E ironías de la propia existencia, este hombre nunca llegó a firmar el divorcio con su anterior pareja a pesar que lucía unos preciosos adornos que lo obligaban a agacharse cuando pasaba un avión para evitar accideentes aéreos.
Dos años dedicados en cuerpo y alma a atender y cuidar al hombre que había compartido casi media vida con ella, cambiarle los pañales, estar pendiente de darle la medicación, la comida, el agua, incluso ya que estamos en estas fechas, comerse las uvas en la soledad de una habitación junto con "su hombre". Sin contar la falta de actividad sexual e incluso afectiva que padeció esta mujer. Todo por amor...
¿En serio hay alguien que supere mi estupidez para no darse cuenta que eso era un matrimonio como los que ya no hay? ¿Es en serio necesario firmar ante un sacerdote que mira a la novia con la libido por las nubes o ante un notario curtido en mil batallas que está pensando que eres gilipollas por hacer lo que estás haciendo? La ley desde luego, lo pensó así.
Al morir, esta persona intentó arreglar su pensión de viuedad, pues había renunciado al trabajo para cuidar de él y vivía de las rentas de dos pisos alquilados. Cuando presentó la documentación necesaria, recibe la noticia de que "la mujer" del fallecido ha obtenido la pensión. "¿Quién se cree usted que es para burlarse así del Estado?"-oyó decir al funcionario-. Con la cara roja ya no por vergüenza propia, sino ajena, mi conocida regresó a su casa a enterrar su dolor.
La inmensa mayoría estará de acuerdo conmigo en que el matrimonio hoy en día es un anacronismo, pues en el momento en que vives con alguien, estás metido en el saco, hayas firmado o no un papelito y pagado lo que haya que pagar. Y según la ley, si es que mi ridículo cerebro no la ha interpretado mal, la "viuda" tiene derecho a recibir una paga (ridícula) por parte del estado. Quizá el precio del café del presidente del gobierno le haga pensar que con la pensión de viuedad, mi conocida podría haberse comprado un Ferrari. El caso es que esta persona vivió veintitrés añoas con un hombre que pasó los últimos dos años de su vida en una cama sin poder valerse por si mismo. E ironías de la propia existencia, este hombre nunca llegó a firmar el divorcio con su anterior pareja a pesar que lucía unos preciosos adornos que lo obligaban a agacharse cuando pasaba un avión para evitar accideentes aéreos.
Dos años dedicados en cuerpo y alma a atender y cuidar al hombre que había compartido casi media vida con ella, cambiarle los pañales, estar pendiente de darle la medicación, la comida, el agua, incluso ya que estamos en estas fechas, comerse las uvas en la soledad de una habitación junto con "su hombre". Sin contar la falta de actividad sexual e incluso afectiva que padeció esta mujer. Todo por amor...
¿En serio hay alguien que supere mi estupidez para no darse cuenta que eso era un matrimonio como los que ya no hay? ¿Es en serio necesario firmar ante un sacerdote que mira a la novia con la libido por las nubes o ante un notario curtido en mil batallas que está pensando que eres gilipollas por hacer lo que estás haciendo? La ley desde luego, lo pensó así.
Al morir, esta persona intentó arreglar su pensión de viuedad, pues había renunciado al trabajo para cuidar de él y vivía de las rentas de dos pisos alquilados. Cuando presentó la documentación necesaria, recibe la noticia de que "la mujer" del fallecido ha obtenido la pensión. "¿Quién se cree usted que es para burlarse así del Estado?"-oyó decir al funcionario-. Con la cara roja ya no por vergüenza propia, sino ajena, mi conocida regresó a su casa a enterrar su dolor.
viernes, 5 de diciembre de 2008
Abracadabra.
Resulta increíble lo que somos capaces de llegar a creer por la simple necesidad de creerlo. Y más áun, la certeza que se tiene de que va a funcionar. Mi vida, una carrera de desastre en desastre, me ha hecho vivir casi todas las situaciones posibles. Y Cupido, para saciar su apetito insaciable de bromas me puso en el camino a una chica comprometida con un hombre que, según sus palabras, la hacía sufrir. Esto me hace mucha gracia, de verdad que sí. En este tiempo donde cada no sé cuantos segundos se firma un papel de divorcio, que alguien demuestre ser tan sufrida para aguantar todos los males que caen sobre ella y que además es santa, me hace una gracia tan grande como la broma que es. Y de las situaciones extraoficiales mejor no hablemos. Todos nos deberíamos agachar al pasar un avión por si acaso nos lima los adornos.
La calle estaba desierta y un pasillo lúgubre y en penumbra daba a una puerta donde un pedazo de muérdago adornaba la parte central. Pasamos. Mi amigo me presentó a Fátima. La señora de mirada inteligente y silueta menuda me estrechó la mano. Me hizo pasar a una habitación perfumada con incienso y decorada con fotos de mil santos. Nos sentamos alrededor de una mesa redonda, uno en frente del otro. Me pide que le diga un número y lo cierto es que no recuerdo el que dije. Me dice que hay una niña por ahí con la que las cosas no está clara. Yo asiento sorprendido. Le digo que sí. Ella cogió su baraja del tarot y comenzó a barajar. Yo no me acuerdo si tuve que cortar o qué diablos tuve que hacer el caso es que la señora me dijo que la chica tenía pareja y que la quería mucho y, curiosamente, me dijo que el hombre no la trataba bien y que la familia de ese hombre buscaba hacerle daño. Mi instinto de protección se multiplicó por mil en aquel momento. Habíamos tenido nuestros nuestros escarceos, en la oscuridad de la culpabilidad por ser infiel ella y yo partícipe de esa infidelidad sabiéndolo. Pero ella nunca me hablaba de la familia de él, y lo poco que me contaba de él hacía que los celos me devoraran y me pusiera de mal humor. Para terminar "La profesora Trewlaney" me dijo algo que me inquietó mucho. La madre de él había hecho magia negra sobre ella. Volvió a tirar las cartas y volvieron a salir las mismas. Trewlaney me dijo que tenía que ayudarla, que había visto en las cartas cuánto la quería y que no podía dejarla así. Ella me dijo algunas cosas que tenía que hacer y yo... las hice. No le conté nada de esto, no sé si para que no supiera que había ido a ver a una vidente o porque podía desatarse el diluvio de las broncas y el único motivo que había para ello era una interpretación en unas cartas que le dieron por salir de esa manera. Si yo hubiera estado seguro de que con ello, ella hubiese dejado a su novio oficial, no lo habría dudado ni un instante, pero no estaba seguro. Por cómo hablaba de él, era obvio que lo quería, aunque luego se le llenara la boca hablando del poco caso que le hacía y todo eso. Supongo que como dicen una de mis mejores y admiradas amigas, aquí se da el síndrome de lo incontrolable, querer dominar algo y hacerlo ser como tú quieres que sea y no cómo realmente es.
Pasó el tiempo y no quise volver a ver a la "profesora Trewlaney" para saber si seguía con la dichosa magia negra o se le había ido después de haber hecho todo lo que hice. También mi relación y mis encuentros con ella se hacían menos frecuentes y pasionales. Apenas nos llamábamos cuando Amena se había hecho rica con nosotros, tanto que incluso cambió de nombre. Un buen día recibí una carta sin remitente. Pero su letra era inconfundible. La abrí sin la emoción que antaño sentía al hacer este mismo gesto. La carta decía:
¿Cómo has podido hacerme esto? ¡Yo que te quiero tanto y tú me lo pagas así! Tengo una amiga que me ha dicho que me has embrujado para retenerme a tu lado. Eres un mierda, te odio, te quiero, te odio y te odio más. Intentaré no quererte.
Todo el frío que había adquirido la relación se volvió un calor insoportable.
La calle estaba desierta y un pasillo lúgubre y en penumbra daba a una puerta donde un pedazo de muérdago adornaba la parte central. Pasamos. Mi amigo me presentó a Fátima. La señora de mirada inteligente y silueta menuda me estrechó la mano. Me hizo pasar a una habitación perfumada con incienso y decorada con fotos de mil santos. Nos sentamos alrededor de una mesa redonda, uno en frente del otro. Me pide que le diga un número y lo cierto es que no recuerdo el que dije. Me dice que hay una niña por ahí con la que las cosas no está clara. Yo asiento sorprendido. Le digo que sí. Ella cogió su baraja del tarot y comenzó a barajar. Yo no me acuerdo si tuve que cortar o qué diablos tuve que hacer el caso es que la señora me dijo que la chica tenía pareja y que la quería mucho y, curiosamente, me dijo que el hombre no la trataba bien y que la familia de ese hombre buscaba hacerle daño. Mi instinto de protección se multiplicó por mil en aquel momento. Habíamos tenido nuestros nuestros escarceos, en la oscuridad de la culpabilidad por ser infiel ella y yo partícipe de esa infidelidad sabiéndolo. Pero ella nunca me hablaba de la familia de él, y lo poco que me contaba de él hacía que los celos me devoraran y me pusiera de mal humor. Para terminar "La profesora Trewlaney" me dijo algo que me inquietó mucho. La madre de él había hecho magia negra sobre ella. Volvió a tirar las cartas y volvieron a salir las mismas. Trewlaney me dijo que tenía que ayudarla, que había visto en las cartas cuánto la quería y que no podía dejarla así. Ella me dijo algunas cosas que tenía que hacer y yo... las hice. No le conté nada de esto, no sé si para que no supiera que había ido a ver a una vidente o porque podía desatarse el diluvio de las broncas y el único motivo que había para ello era una interpretación en unas cartas que le dieron por salir de esa manera. Si yo hubiera estado seguro de que con ello, ella hubiese dejado a su novio oficial, no lo habría dudado ni un instante, pero no estaba seguro. Por cómo hablaba de él, era obvio que lo quería, aunque luego se le llenara la boca hablando del poco caso que le hacía y todo eso. Supongo que como dicen una de mis mejores y admiradas amigas, aquí se da el síndrome de lo incontrolable, querer dominar algo y hacerlo ser como tú quieres que sea y no cómo realmente es.
Pasó el tiempo y no quise volver a ver a la "profesora Trewlaney" para saber si seguía con la dichosa magia negra o se le había ido después de haber hecho todo lo que hice. También mi relación y mis encuentros con ella se hacían menos frecuentes y pasionales. Apenas nos llamábamos cuando Amena se había hecho rica con nosotros, tanto que incluso cambió de nombre. Un buen día recibí una carta sin remitente. Pero su letra era inconfundible. La abrí sin la emoción que antaño sentía al hacer este mismo gesto. La carta decía:
¿Cómo has podido hacerme esto? ¡Yo que te quiero tanto y tú me lo pagas así! Tengo una amiga que me ha dicho que me has embrujado para retenerme a tu lado. Eres un mierda, te odio, te quiero, te odio y te odio más. Intentaré no quererte.
Todo el frío que había adquirido la relación se volvió un calor insoportable.
martes, 11 de noviembre de 2008
No me gustan los franceses
No me gustan los franceses... aunque me han gustado mucho las francesas. Pero ya no. No hay que negar que las hay muy guapas y muy educadas, pero ¿dónde no hay personas así? El mundo es muy grande y nosotros sabemos muy poco. Como también es un error generalizar, pero en la vida de Sigo Estrellado del Mundo hasta respirar es un error. Repito, nunca me han gustado los franceses y si algún francés lee esto, y lo entiende, pues que se joda. Sé que a ellos no les gustamos tampoco, nos tiraron camiones enteros de fresas. Les gustan nuestras playas, la paella... cosas así. Y para colmo de males, mi primer beso fue con una francesa, con ella aprendí todo lo que hoy sé y sólo duró una noche. El día siguiente me dijo que no se acordaba de nada... ¿de qué me sorprendo? Leí en "El Mundo de Sofía" que lo único que se necesita para convertirse en un buen filósofo es la capacidad de asombro. Yo creo que debo de ser el mejor que hay; después de todos los golpes que llevo y los que me quedan por recibir, sigo sorprendiéndome.
Daré un salto en mis desventuras para contarles la última. Les diré que después de lo que saben y lo que les queda por saber, soy padre. Tengo un niño de seis añitos que es lo mejor que he hecho en mi vida. Pero en la vida de Sigo nada puede salir bien y mi hijo está en México con su madre. Hace poco que he ido a verlo. Y a pesar de todo, ha merecido la pena. Tuve que buscar el vuelo más económico porque no está el horno para bollos. Y el más barato, que no por ello asequible, fue con Air France. Franceses, a ver qué tal. Llego al control del equipaje de mano y veo a cuatro subnormales franchutes dando gritos en francés para ordenar a trescientos hispanos que habíamos allí que nos ordenásemos bien. Cuando paso por el detector de metales, fui de los pocos a los que no le pitó el aparato de los cojones. Pero aún así, el franchute de turno, muy profesional él, me metió toda la mano que le dio le gana. Lo miré y con la mirada le dije ¿contento? Me dirigí a la puerta de embarque. Esperamos estoicamente tres horas antes de embarcar. Había un grupo de cincuenta costaricenses, y otros tantos de Gudalajara. Algunos incluso iban a Managua, varios franceses y otros tantos españolitos.
El avión despegó y todo transcurría con normalidad hasta que a un zorrón francés se le ocurrió ponerse enferma. Gracias a esta impresentable, el avión hubo de dar media vuelta y regresar a la capital de Francia. Yo me pregunté por qué la muy zorra, si estaba enferma, si había embarcado para pasar doce horas dentro del pájaro inerte. Las personas de Costa Rica, de Guadalajara y yo, que debíamos coger un vuelo de conexión para llegar a nuestros destinos, nos empezamos a desperar porque esta hora y media que acabábamos de perder, jugaba en nuestra contra para llegar a tiempo. El mazazo llegó cuando nos dijeron que la tripulación no podía reemprender el vuelo porque excederían el número de horas permitidas. Así que hasta el día siguiente no saldríamos. Tras cuatro horas esperando a que me ubicaran el vuelo, la franchute que me atendió y con la que hube de hablar en inglés, yo, con mi inglés llanito de Antequera, me dijo que saldría el día siguiente a las cuatro y media de la tarde, y que llegaría a México a las nueve y media. Le dije que no era posible, pues mi avión hacia el norte salía a las diez y viente y no me iba a dar tiempo. La puerca me dijo que era lo único que había. Me resigné y me fui al hotel cortesía de Merd France para pasar la noche rompiendo en lágrimas un minuto sí y el otro también. No hubo nadie del vuelo que no le deseara al putón francés que no saliese de aquella noche. Que si estaba tan enferma como para joder a trescientos pasajeros, que hubiese una razón, y yo, para qué negarlo, se lo deseé con más fuerza que nadie. Al otro día me enteré que a gente que fue atendida después de mí, le habían dado vuelos a las una de la tarde incluso a las diez de la mañana. Multipliqué mis súplicas porque aquella zorra pagara con creces lo que había ocasionado y le deseé lo mismo a la que me atendió, mientras comprendía que estaba trabajando allí porque debía proporcinarle un infinito placer al jefe de la ¿compañía? Como ya nada salía bien, el puto avión despegó al día siguiente a las cinco. Media hora más tarde. Yo ya me dije que no llegaría al norte hasta el día siguiente. Iba a estar con mi hijo once días y por culpa de los putos franceses se reduciría a nueve. El avión aceleró y al final recuperó la media hora que había perdido. Llego a México, y he olvidado decir que sólo una persona francesa, una chica a la que le deseo lo mejor y hablo sinceramente, me ayudó enviando mi maleta directamente al norte. Si hubiese tenido que recuperar mi equipaje en el Distrito Federal, hubiese perdido mi vuelo sin remedio. Cuando llego a Aduanas, un señor mexicano, al enterarse que debía pitar a la terminal dos, me coló delante de todos los que ya estaban allí y cuando pasé por el control de pasaportes... ¡Sorpresa! Segunda revisión. El hombre parecía afligido, incluso le dijo a la tipa que me miró el pasaporte que tenía un vuelo que coger y que iba tarde. Evidentemente, yo tengo mala suerte con las mujeres y lo único que hizo fue un gesto con los hombros de que le importaba una mierda. Pasé a un cuartillo y allí otro poli mexicano me revisó el pasaporte y me preguntó si sabía por qué estaba allí. Le dije que no. El me dijo que la Interpol estaba buscnado a alguien con mis apellidos. No me lo podía creer. Así que hay más Estrellado del Mundo por ahí sueltos. Vaya, vaya. Cuando el hombre me agradeció mi colaboración, salí corriendo hacia la terminal dos y finalmente, pude coger mi vuelo.
Los días con mi hijo fueron muy especiales y él sonreía sin cesar. No hay nada más bonito que la sonrisa de un niño y si es tuyo, pues ya ni se diga.
Llegó la vuelta. Una mujer atendió mi facturación de equipaje. ¿Problermas? ¡Claro que sí! El día que a mí me salga algo bien con una mujer, prometo entonar el Aleluya. Me dice que mi maleta está muy cargada porque pesa veinticinco kilos y debe pesar veintitrés. Me pongo como un subnormal a quitar cosas de la maleta y añadirlas al equipaje de mano. Cuando la maleta pesa veintitrés kilos, ni un gramo más, me la factura. El vuielo sale y llegó a la Ciudad de la Cruz. Dos policías moñas están revisando los pasaportes y cuando ven el mío, me dicen que tengo que acompañarlos. Una chica de Guatemala que venía también a mi ciudad es requerida por ellos. El policía moña no para de enseñar mi pasaporte a todo el que pasa y mi sangre empieza a hervir. Pienso en meterle una paliza al policía; total, me van a meter en la cárcel sin saber por qué, al menos que tengan un motivo. No hablan español, y yo lamento haber perdido mi excelente nivel de franchute. Ahora ya me alegro, porque lo único que quiero de los franceses es romperles la cara a puñetazos, sin palabras. El policía moña sigue enseñando mi pasaporte a todo el mundo y mi paciencia está llegando a su límite, de un momento a otro, voy a saltar sobre su cabeza y juro por mi hijo que recordará este día hasta que se muera, que, porque no decirlo, deseo que sea pronto. Al final, tengo que poner todo mi equipaje de mano sobre una mesa y empieza a revisarlo. Me preguntan en un penoso español si llevo dinero, que donde está mi maleta, que si llevo ropa y qué más llevo. También me pregunta que qué he ido a hacer a México. Le dijo: "claro que sí hijo de puta, llevo tanto dinero que me he tenido que venir atrás de un chino que un poco más y tumba en respaldo del sillón sobre mis piernas y luego dos focas españolas, sí, con tres asientos para cada una de ellas. Ellas durmiendo a pierna suelta y yo con el chino a la vista hasta el punto que podía haberle hecho un kata o como se llame" También digo que mi maleta está en mi destino y que la Guardia Civil se encargaría de revisármela si fuera necesario. Y que he ido a México a ver y a cuidar a mi hijo, pero que eso a él le importa una mierda. El policía moña sigue rebuscando en mi equipaje donde sólo van un triste reproductor de mp3 de once euros y cuatro libros, que había sacado de la maleta. El policía moña termina y como no tiene nada para detenerme, me deja ir. Me cago en la puta madre del Estrellado del Mundo ese que busca la interpol. A ver si lo encuentran pronto. Y que me avisen, porque si hay paliza, yo quiero participar. El policía pretende estrechar mi mano. Yo lo único que quiero es pegarle un puñetazo y volarle esa cara de moña. Cojo mis cosas y salgo dejándolo con la mano extendida en el aire.
Daré un salto en mis desventuras para contarles la última. Les diré que después de lo que saben y lo que les queda por saber, soy padre. Tengo un niño de seis añitos que es lo mejor que he hecho en mi vida. Pero en la vida de Sigo nada puede salir bien y mi hijo está en México con su madre. Hace poco que he ido a verlo. Y a pesar de todo, ha merecido la pena. Tuve que buscar el vuelo más económico porque no está el horno para bollos. Y el más barato, que no por ello asequible, fue con Air France. Franceses, a ver qué tal. Llego al control del equipaje de mano y veo a cuatro subnormales franchutes dando gritos en francés para ordenar a trescientos hispanos que habíamos allí que nos ordenásemos bien. Cuando paso por el detector de metales, fui de los pocos a los que no le pitó el aparato de los cojones. Pero aún así, el franchute de turno, muy profesional él, me metió toda la mano que le dio le gana. Lo miré y con la mirada le dije ¿contento? Me dirigí a la puerta de embarque. Esperamos estoicamente tres horas antes de embarcar. Había un grupo de cincuenta costaricenses, y otros tantos de Gudalajara. Algunos incluso iban a Managua, varios franceses y otros tantos españolitos.
El avión despegó y todo transcurría con normalidad hasta que a un zorrón francés se le ocurrió ponerse enferma. Gracias a esta impresentable, el avión hubo de dar media vuelta y regresar a la capital de Francia. Yo me pregunté por qué la muy zorra, si estaba enferma, si había embarcado para pasar doce horas dentro del pájaro inerte. Las personas de Costa Rica, de Guadalajara y yo, que debíamos coger un vuelo de conexión para llegar a nuestros destinos, nos empezamos a desperar porque esta hora y media que acabábamos de perder, jugaba en nuestra contra para llegar a tiempo. El mazazo llegó cuando nos dijeron que la tripulación no podía reemprender el vuelo porque excederían el número de horas permitidas. Así que hasta el día siguiente no saldríamos. Tras cuatro horas esperando a que me ubicaran el vuelo, la franchute que me atendió y con la que hube de hablar en inglés, yo, con mi inglés llanito de Antequera, me dijo que saldría el día siguiente a las cuatro y media de la tarde, y que llegaría a México a las nueve y media. Le dije que no era posible, pues mi avión hacia el norte salía a las diez y viente y no me iba a dar tiempo. La puerca me dijo que era lo único que había. Me resigné y me fui al hotel cortesía de Merd France para pasar la noche rompiendo en lágrimas un minuto sí y el otro también. No hubo nadie del vuelo que no le deseara al putón francés que no saliese de aquella noche. Que si estaba tan enferma como para joder a trescientos pasajeros, que hubiese una razón, y yo, para qué negarlo, se lo deseé con más fuerza que nadie. Al otro día me enteré que a gente que fue atendida después de mí, le habían dado vuelos a las una de la tarde incluso a las diez de la mañana. Multipliqué mis súplicas porque aquella zorra pagara con creces lo que había ocasionado y le deseé lo mismo a la que me atendió, mientras comprendía que estaba trabajando allí porque debía proporcinarle un infinito placer al jefe de la ¿compañía? Como ya nada salía bien, el puto avión despegó al día siguiente a las cinco. Media hora más tarde. Yo ya me dije que no llegaría al norte hasta el día siguiente. Iba a estar con mi hijo once días y por culpa de los putos franceses se reduciría a nueve. El avión aceleró y al final recuperó la media hora que había perdido. Llego a México, y he olvidado decir que sólo una persona francesa, una chica a la que le deseo lo mejor y hablo sinceramente, me ayudó enviando mi maleta directamente al norte. Si hubiese tenido que recuperar mi equipaje en el Distrito Federal, hubiese perdido mi vuelo sin remedio. Cuando llego a Aduanas, un señor mexicano, al enterarse que debía pitar a la terminal dos, me coló delante de todos los que ya estaban allí y cuando pasé por el control de pasaportes... ¡Sorpresa! Segunda revisión. El hombre parecía afligido, incluso le dijo a la tipa que me miró el pasaporte que tenía un vuelo que coger y que iba tarde. Evidentemente, yo tengo mala suerte con las mujeres y lo único que hizo fue un gesto con los hombros de que le importaba una mierda. Pasé a un cuartillo y allí otro poli mexicano me revisó el pasaporte y me preguntó si sabía por qué estaba allí. Le dije que no. El me dijo que la Interpol estaba buscnado a alguien con mis apellidos. No me lo podía creer. Así que hay más Estrellado del Mundo por ahí sueltos. Vaya, vaya. Cuando el hombre me agradeció mi colaboración, salí corriendo hacia la terminal dos y finalmente, pude coger mi vuelo.
Los días con mi hijo fueron muy especiales y él sonreía sin cesar. No hay nada más bonito que la sonrisa de un niño y si es tuyo, pues ya ni se diga.
Llegó la vuelta. Una mujer atendió mi facturación de equipaje. ¿Problermas? ¡Claro que sí! El día que a mí me salga algo bien con una mujer, prometo entonar el Aleluya. Me dice que mi maleta está muy cargada porque pesa veinticinco kilos y debe pesar veintitrés. Me pongo como un subnormal a quitar cosas de la maleta y añadirlas al equipaje de mano. Cuando la maleta pesa veintitrés kilos, ni un gramo más, me la factura. El vuielo sale y llegó a la Ciudad de la Cruz. Dos policías moñas están revisando los pasaportes y cuando ven el mío, me dicen que tengo que acompañarlos. Una chica de Guatemala que venía también a mi ciudad es requerida por ellos. El policía moña no para de enseñar mi pasaporte a todo el que pasa y mi sangre empieza a hervir. Pienso en meterle una paliza al policía; total, me van a meter en la cárcel sin saber por qué, al menos que tengan un motivo. No hablan español, y yo lamento haber perdido mi excelente nivel de franchute. Ahora ya me alegro, porque lo único que quiero de los franceses es romperles la cara a puñetazos, sin palabras. El policía moña sigue enseñando mi pasaporte a todo el mundo y mi paciencia está llegando a su límite, de un momento a otro, voy a saltar sobre su cabeza y juro por mi hijo que recordará este día hasta que se muera, que, porque no decirlo, deseo que sea pronto. Al final, tengo que poner todo mi equipaje de mano sobre una mesa y empieza a revisarlo. Me preguntan en un penoso español si llevo dinero, que donde está mi maleta, que si llevo ropa y qué más llevo. También me pregunta que qué he ido a hacer a México. Le dijo: "claro que sí hijo de puta, llevo tanto dinero que me he tenido que venir atrás de un chino que un poco más y tumba en respaldo del sillón sobre mis piernas y luego dos focas españolas, sí, con tres asientos para cada una de ellas. Ellas durmiendo a pierna suelta y yo con el chino a la vista hasta el punto que podía haberle hecho un kata o como se llame" También digo que mi maleta está en mi destino y que la Guardia Civil se encargaría de revisármela si fuera necesario. Y que he ido a México a ver y a cuidar a mi hijo, pero que eso a él le importa una mierda. El policía moña sigue rebuscando en mi equipaje donde sólo van un triste reproductor de mp3 de once euros y cuatro libros, que había sacado de la maleta. El policía moña termina y como no tiene nada para detenerme, me deja ir. Me cago en la puta madre del Estrellado del Mundo ese que busca la interpol. A ver si lo encuentran pronto. Y que me avisen, porque si hay paliza, yo quiero participar. El policía pretende estrechar mi mano. Yo lo único que quiero es pegarle un puñetazo y volarle esa cara de moña. Cojo mis cosas y salgo dejándolo con la mano extendida en el aire.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
